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Cultura Fifí

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La cultura para los pobres no puede ser una pobre cultura.

Debe ser grande, refinada, ambiciosa, avanzada.

 

Antonio Abreu

 

 

Las declaraciones de Susana Zabaleta despertaron la más grande admiración y promoción de los anti AMLOS, de la llamada prensa fifí, y de todos aquellos que en el pasado, como focas, sólo aplaudían al régimen. Por otro lado, se ganó el odio irracional y ataques desmedidos de los chairos y los amlovers y de quienes aplauden, igualmente como focas, sin analizar las consecuencias de las políticas del gobierno federal.

 

En una estrategia mediática de primer semestre, destacaron una entrevista de Armando Manzanero donde dice no estar decepcionado y seguir esperanzado y la presencia de Belinda apoyando al presidente. Como si una cosa descalificara a la otra, en esta estrategia de ambos bandos de acusar al otro, de dividir.

 

Todo un escándalo en las redes: mucho ruido y cero análisis.

 

Las redes sociales son simplistas: no permiten la discusión razonada y con argumentos. Estoy seguro que pocos saben el contexto y tampoco han analizado a profundidad lo dicho por la Zabaleta y sus razones, quien, dicho sea de paso, es polémica y de momento hasta visceral pero, eso sí (y nadie se lo puede negar), sumamente culta e inteligente.

 

Pero ¿qué pasó en realidad? Pues fue la respuesta a una columna de Sergio Sarmiento en el “Reforma” a un twitt anterior: “Yo creo que a la cultura nos va a ayudar muchísimo y ahora sí hay lana por fin, después de no sé cuántos miles de sexenios. Ahora sí hay lana para la cultura… ¡Vete a volar, Gaviota!”, citó a la Zabaleta el periodista y agregó: “Parece que se equivocó”.

 

Zabaleta respondió en su cuenta de twitter con el mensaje: “Tristemente sí me equivoqué. Perdón por mi estúpida esperanza y por pensar en un México que todos queríamos; lo sé, es decepcionante“. De paso, Zabaleta corrigió al articulista: “‘Zavaleta’ es con ‘b’. ¿Ya ves? Todos nos equivocamos”.

 

Por otra parte, AMLO ha dicho que se está apoyando a la cultura como nunca, que el apoyo es para la cultura de los pueblos originarios. Esto deja entrever un cierto desprecio o, por lo menos, indiferencia hacia otras manifestaciones culturales. Esto, y las declaraciones contra las becas del FONCA y otros programas como el de apoyo a festivales. Lamentable posición y aun viniendo de alguien que fue apoyado fuertemente por la comunidad artística y quien, dicho sea de paso, tiene como compañera de vida a una mujer sumamente culta.

 

Pero más allá de los twitts, y las declaraciones de gente (que considero brillante en sus áreas como Horacio Franco, Jesusa Rodríguez, Marina Núñez y el mismo AMLO), hay que ver que esta discusión es más profunda y más antigua. Si bien el derecho a la cultura es un derecho humano y el estado, en cualquiera de sus niveles, tiene la obligación de aportar recursos a la promoción de la cultura y las artes, la pregunta es (y también el punto profundo de lo que está pasando en el país) ¿a qué tipo de cultura debe apostar el estado?

 

Ya en otras ocasiones he escuchado comentarios tan bizarros como el de que “¿para que se gasta tanto en pagar sueldos y todo que conlleva alrededor de la Sinfónica Nacional si nadie entiende esa música?”. O “¿de qué sirve gastar en el ballet si nadie lo ve?”. Opinan que ese dinero se debería utilizar en ballets folclóricos en todo el país o en bandas municipales. Claro que quienes opinan esto no saben del enorme esfuerzo y años de estudio que tiene que hacer un artista para tocar en una sinfónica o bailar en un ballet. O críticas al porqué se pagan millones para traer una exposición de Kandisnki (¿y quién es este wey?) si puedes ver fotos de sus cuadros en internet.

 

Por otro lado, también hay cosas absurdas, como que los festivales culturales han privilegiado los actos masivos para el lucimiento de los gobernantes con artistas comerciales como los Ángeles Azules, Matute, Raúl Di Blasio, dejando a un lado la promoción cultural y a los artistas y producciones independientes y a veces colocando sinfónicas sólo si acompañan a un artista comercial.

 

Otro punto a tomar en cuenta es el financiero, ¿sabrán quienes conducen las políticas culturales que las actividades culturales aportan el 3.3% del PIB? Mientras que el estado sólo destina un poco más del 0.05% del PIB al desarrollo cultural.

 

Como podemos ver son dos elementos que están en juego: dinero y criterio.

 

Si el estado aportara el 1% del PIB a promover el arte y la cultura y formara un consejo (y no sólo escuchara el consejo de sus aplaudidores) formado por artistas y promotores del gran abanico que son los diferentes sectores culturales se podrían hacer grandes cosas por el país y se contribuiría a reconstruir el tejido social y combatir la violencia. Como dice el mejor trombonista del mundo, el oaxaqueño Faustino Díaz: “No es con recortes presupuestales a cultura como se va mejorar al país. Es mejor idea invertir en la cultura, el deporte y la salud …”

 

Ojalá el gobierno federal escuche a la comunidad cultural en lugar de aferrarse a sus errores y, por otro lado, la misma comunidad cultural se una y presente proyectos viables para un mejor desarrollo integral de los mexicanos.

 

 

 

Rafael Andrade Torres.

 

Universidad Leonardo Da Vinci

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