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La comandanta Nestora

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Raymundo Riva Palacio.

 

 

 La comandanta Nestora

Raymundo Riva Palacio.

1ER. TIEMPO:  La breve historia de la comandanta. En el segundo debate presidencial, un nuevo nombre fue presentado en cadena nacional en las casas de los mexicanos: el de Nestora Salgado. Lo hizo José Antonio Meade, quien reclamó a Andrés Manuel López Obrador que Morena le diera su apoyo y la colocara en la lista de senadores plurinominales. En el debate, mirando al candidato rival, Meade sorprendió: “Les voy a leer lo que salió de un expediente de una gente que salió libre porque la policía hizo mal su trabajo. ‘Soy la comandante Nestora Salgado y sólo les hablo para decirles que a cambio de la libertad de su hija me tienen que entregar la cantidad de cinco mil pesos, así es que ya sabe, cuando tenga la cantidad me la entrega y yo le entrego a su hija’.” Esto Andrés Manuel, remató Meade, “queda en tu conciencia”. Probablemente no hubo muchos televidentes que tuvieran en la mente a Nestora, y mucho menos el caso que tocó Meade, cuyo golpe, sin embargo, no pasó desapercibido. La candidata de Morena, no López Obrador, reaccionó y emplazó a Meade a probar las imputaciones. Tras el debate las cosas parecieron quedar en el aire, salvo acusaciones directas en la prensa contra Meade por haber difamado, fue el alegato común, a la candidata. En realidad, Meade no mintió. La oración que leyó está en la averiguación previa DGCAP/136/2013 y cuatro más acumuladas: la 137, 139, 139 y 140, referente a la comparecencia del padre de una menor de 17 años en ese entonces, el 19 de julio de 2013, donde denuncia que su hija fue secuestrada el 10 de junio de ese año en Olinalá, Guerrero, por Salgado, quien se “ostentaba como comandante de la policía comunitaria en dicha localidad y mantenía en cautiverio a la víctima en un inmueble adaptado como cárcel en El Paraíso, municipio de Ayutla de los Libres”. En una declaración el 15 de agosto, el padre especificó que la llamada la recibieron por la tarde en el número 017564731067, en donde quien se identificó como Nestora, les pidió el dinero. No sería el único caso contra Salgado. Cuarenta y dos acusaciones adicionales de secuestro se fueron integrando en su contra, por lo que varios jueces fallaron para que siguiera en la cárcel. Jurídicamente estaba perdida. Políticamente sería otro asunto, pero las cosas cambiaron hace algunos meses y hay tres procesos abiertos en su contra: dos por secuestro y uno por homicidio calificado.

 

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2O. TIEMPO: El alegato de venganza política. El mismo día en que José Antonio Meade le reclamó a López Obrador haber respaldado la candidatura de Nestora Salgado a una senaduría plurinominal, apareció una entrevista con ella en la revista Proceso, cercana al candidato de Morena, en la que afirmaba que la acusación de “secuestradora” había sido una maniobra del entonces alcalde priista, Eusebio González Rodríguez, y del exgobernador, Ángel Heladio Aguirre Rivero. En la entrevista, Salgado afirmó que si era culpable ¿por qué la absolvieron? No la absolvieron. Su caso está vivo y la última vez que se giró una notificación para que declarara en el recurso de apelación interpuesto por las autoridades, el 24 de abril pasado, fue imposible entregárselo porque vivía en Renton, una pequeña comunidad de clase media a 20 kilómetros de Seattle, a donde se había ido a vivir, originalmente, en 1991. La comandanta Nestora con la candidatura plurinominal de Morena al Senado regresó a México confiada de estar blindada. Olinalá, en los tiempos de Rodríguez y Salgado vio la llegada de unidades de la Marina para frenar la narcoviolencia en la zona de La Cañada, donde se encuentra la cabecera municipal, y que es un punto estratégico para el trasiego de drogas hacia Puebla y Morelos, de la zona productora de enervantes en la región, controlada por la banda criminal de Los Rojos. Rodríguez no se le enfrentó a Salgado como jefa de la policía comunitaria local, sino fue el entonces gobernador Aguirre, que había sido impulsado y era respaldado por su amigo Marcelo Ebrard, uno de los actuales generales electorales de López Obrador. Aguirre ha sido consecuente con su promotor. Se encuentra en su estado haciendo tarea de proselitismo por los candidatos de Morena e indirectamente por la comandanta Nestora, quien ha omitido cualquier referencia a él. La preocupación del exgobernador no era sólo el narcotráfico y la violencia que desencadenaba, sino que Salgado también estaba encabezando un proceso de rebelión —confrontada con el alcalde— bajo el patrocinio del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), una escisión del Ejército Popular Revolucionario (EPR), al cual también pertenecen maestros y abogados en la disidencia magisterial estatal, varios de ellos candidatos a puestos de elección popular de Morena.

 

3ER. TIEMPO: El acuerdo político. El 22 de marzo de 2016, cinco días después de que fue liberada por un juez que desechó las acusaciones en su contra porque la amparaba la Ley 701 sobre los usos y costumbres indígenas —luego se probó que Olinalá, donde reinaba la comandanta Nestora Salgado no tenía origen indígena sino mestizo, y que la ley prohibía que la libertad de los detenidos por las policías comunitarias fuera mediante dinero, que exigía a quienes secuestraba— viajó a Seattle, Washington, donde dijo que iniciaría su campaña en Estados Unidos por los presos políticos. Muy poco se volvió a saber de ella. Salgado fue detenida en agosto de 2013, en vísperas de viajar a su casa en Renton, en el estado de Washington, acusada de secuestro y homicidio calificado. Su defensa, encabezada por Thomas Antkowiak, director de la Clínica de Derechos Humanos Internacionales de la Escuela de Derecho de la Universidad de Seattle, argumentó que sus derechos habían sido violados. Uno de ellos era que no había recibido protección consular, por lo que se afectó el debido proceso, aunque no mencionó su ciudadanía estadounidense cuando fue detenida, sino días después. Al hacerlo, la Embajada de su país entró de lleno a su caso. El entonces embajador Anthony Wayne envió personal consular a verla en prisión y facilitarle ayuda legal. Más adelante, Wayne ejerció la principal presión de su gobierno para que se le liberara. El entonces gobernador interino de Guerrero, Rogelio Ortega, era la cabeza visible de una negociación política, extrajudicial, donde participaban diputados del PRD y del PT, así como organizaciones de derechos humanos cercanas a ellos. Wayne aprovechó el desaseo en la Procuraduría guerrerense sobre el caso y expresó al gobierno mexicano sus dudas sobre si en realidad tenía motivaciones políticas. Desde la Secretaría de Gobernación, en voz del subsecretario Luis Miranda, llegaron las instrucciones a Ortega: haga lo que le digan. Sí la dejarían en libertad, pero Wayne se comprometía a llevársela inmediatamente del país. Eso sucedió. Dos años y medio después de estar en prisión, un acuerdo político le regresó la libertad. Otro acuerdo, ahora con Morena, le dio oportunidad de regresar a México como senadora, donde dos secuestros y un homicidio calificado, que son los tres procesos abiertos en su contra, se quieren politizar. México, finalmente, al desnudo.

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