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La selección por encuesta de Claudia Sheinbaum, por encima de Ricardo Monreal, Martí Batres y Mario Delgado coloca partido en su primer quiebre

 REPORTE INDIGO

 
Desde su fundación Morena nació con estrella. El liderazgo de Andrés Manuel López Obrador y la desilusión hacia los partidos de izquierda fueron la receta perfecta para su espectacular despegue.

En sus primeras incursiones electorales en la CDMX, Veracruz y Edomex, las votaciones desafiaron la gravedad de cualquier nuevo partido.

En su primera aparición en la ciudad capital se adueñaron de la mitad de la Asamblea Legislativa e igual proporción de delegaciones. En Veracruz y Estado de México son la segunda fuerza.

Y esa fuerza se despliega a nivel nacional cuando las encuestas colocan a López Obrador en delantera rumbo al 2018.

Y si a los sondeos nos atenemos, el primer gobernador de la CDMX será de Morena.

Ese fenómeno fue suficiente para las confrontaciones, como cualquier partido que sale de la crisálida de la oposición para desplegar sus alas hacia el poder.

Y el primer desencuentro, que podría acabar en fractura, se da en la selección del candidato de la ciudad capital.

La selección por encuesta de Claudia Sheinbaum, por encima de Ricardo Monreal, Martí Batres y Mario Delgado coloca partido en su primer quiebre.

Quienes conocemos a Monreal respetamos la efectividad de sus luchas y la honestidad con las que abandera las causas.

Pocos acaban de entender la rebelión que armó cuando se conocieron los resultados  que no le favorecieron. Un extrañamiento que se explica en cinco razones.

Uno.- Monreal aceptó jugar bajo las reglas que se dieron. Si sentía que no eran las mejores, debió abortar su inclusión en la lista antes de que se levantara el sondeo.

Dos.- Solo cuando se vio derrotado, Monreal gritó faul. Ni Batres, ni Delgado, los dos rivales que tampoco fueron favorecidos, denunciaron irregularidad alguna.

Tres.-  Días antes de la encuesta, Monreal fue entrevistado en televisión por Ricardo Raphael. Ahí juró lealtad a Morena, incluso ante la posibilidad de que López Obrador decidiera imponer a Sheinbaum.

No fue imposición, ganó Sheinbaum, reconocida por Batres y Delgado, pero la actitud de Monreal fue opuesta a su decir.

Mas aún, dijo que jamás sería mezquino y que su lugar estaba en apoyar la llegada de López Obrador a la Presidencia.

Cuatro.- Monreal solo manifestaba sus desacuerdos en  medios de comunicación.

No existía ningún acercamiento personal o diálogo formal para dirimir el diferendo con la dirigencia de Morena, fuera con López Obrador o Yeidckol Polevnsky.

Cinco.- Su posición de pensar si se queda o se va, condicionada a que se repita la encuesta, no es propia de quien tiene una imagen institucional. ¿Y si se repitiera la encuesta y pierde de nuevo?

Lo que se asoma en este encontronazo es que sus liderazgos ya olieron las mieles de la victoria y abandonan la piel del idealismo, para pelear por esas posiciones de poder.

El desenlace está por escribirse. ¿Será de sutura o de fractura? ¿Conservarán su estrella o acabarán estrellados?