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#LosPuntossobrelasíes- POR RAMÓN ALBERTO GARZA

 

Manlio Fabio Beltrones es, junto con Emilio Gamboa Patrón, uno de los políticos de más experiencia, o de más colmillo dentro del sistema político mexicano.

Con la diferencia de que el sonorense Beltrones fue capaz de reinventarse en los últimos tres sexenios, para ser una voz que todas las fuerzas políticas buscan escuchar.

Mientras que el yucateco Gamboa continuó instalado en su torre de marfil, operando menos en lo abierto y más en lo oscurito, confiado en los privilegios de ser el compañero predilecto de golf del presidente Enrique Peña Nieto.

Y en esa reinvención de Beltrones, el expresidente nacional del PRI viene insistiendo que bajo las nuevas realidades nacionales y globales, el sistema político mexicano está obligado a reescribir sus reglas del juego.

Porque los días de aquel PRI monolítico colapsaron en el 2000 y la alternancia que emergió a partir del sexenio de Vicente Fox acabó por pulverizar las preferencias políticas de la nación.

Los alcaldes, gobernadores y hasta el presidente de la República gobiernan hoy desde la legalidad que les da la minoría que los eligió. Pero eso no da la legitimidad que exige un gobierno que busque cambios. Por eso el avance es lento o nulo.

En Inglaterra, España, Alemania, Italia o en otros países del mundo, la pulverización política los obliga a crear gobiernos de coalición que den la certeza de gobernabilidad.

Mantener en el poder a gobiernos que no tienen las posibilidades reales de concretar acciones es una historia que venimos repitiendo en México desde el sexenio de Ernesto Zedillo.

Con la diferencia de que hoy abundan las ofertas políticas, aparecieron los independientes, ya está en el horizonte político Morena y esa pulverización acaba por instalar en el poder a gobernantes del 15 por ciento.

Los más simplistas proponen que con la aprobación de una segunda vuelta que obligue a uno pactar con minorías para lograr el 50 más uno sería suficiente. Falso.

Eso solo propiciaría la venta al mejor postor de toda la chiquillería partidista, cuyos magros porcentajes de dos a cinco por ciento serían subastados para conquistar el poder.

La segunda vuelta sería un asunto de pesos y centavos. Quien da más, ese lo tiene. El Partido Verde, el Partido del Trabajo y el Panal entienden mucho de estos caros amores, que les dejan jugosas utilidades en privilegios, canonjías y protecciones.

La propuesta de Beltrones va mas allá del arrejunte convenenciero. Busca privilegiar el diálogo con proyectos de gobierno comunes que beneficien a las masas y otorgar el apoyo a la minoría más mayoritaria –valga el absurdo- para co-gobernar.

Su lema es el de Coalición o Colisión, porque esas son las alternativas que, de acuerdo a lo que vemos hoy, serán las que tendremos para el verano del 2018.

O el sistema se adecúa y permite que se sienten a la mesa distintas fuerzas en busca de un gobierno común que alcance una mayoría, o sobrevendrá la inevitable colisión, como ya lo vemos en el Estado de México y Coahuila.

La iniciativa de Beltrones obliga no a la compra de minorías sino a la suma de intereses de gobierno para sacar adelante un proyecto político.

Si no lo hacemos, las grandes decisiones nacionales continuarán pactándose entre el hoyo 8 y el 9 de cualquier campo de golf en donde jueguen el presidente y su jefe del Senado. Y eso, inevitablemente, desembocará en la colisión.

CEL