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Mientras usted lee esta columna, se está llevando a cabo la reunión más importante entre un equipo de transición de un presidente electo y el gobierno de los Estados Unidos: Mike Pompeo, secretario de estado, el yerno de Trump, Jared Kushner, quien hasta ahora ha sido el enlace entre el presidente norteamericano y Luis Videgaray, visita a López Obrador y Ebrard. También estará la Secretaria de Seguridad Interior, Krijsten Nielsen y el secretario de seguridad del próximo gobierno, Alfonso Durazo.

Muchas cosas están en juego, particularmente el tono con el que se conducirán en un futuro próximo las relaciones diplomáticas bilaterales, algo crucial, con independencia del impredecible Trump y su agenda ultra, disfrazada de desparpajo y caos. Poco a poco el presidente republicano ha ido imponiendo su agenda, nombrando jueces y magistrados de la Suprema Corte, modificando y derogando todos los avances de la política de Obama, lo mismo en salud que en medio ambiente, educación o derechos civiles de la minoría. Su estrategia de golpear y doblegar mediante el insulto o la amenaza le ha reportado dividendos en una aparentemente errática política exterior.

Por otro lado, el presidente electo de México ha insistido en que la mejor política exterior es la interior, y en que se generarán en el país las condiciones para que sólo migren quienes lo desean, no por necesidad. El proyecto de una especie de new deal a la mexicana busca arraigar a la población a sus lugares de origen, lograr una subsistencia alimentaria y, según recientes declaraciones de Durazo, no pretende militarizar la frontera sur, sino resolver la situación de quienes solo pasan por México y quienes se van quedando.

Quien ha leído La fila india, de Antonio Ortuño, o visto los documentales de La Bestia, el infame tren que los transporta, se preguntan si eso puede lograrse sin un cambio radical de política migratoria en México. Eliminar el brazo “policiaco” del Instituto Nacional de Migración, según ha declarado, suena a un principio muy correcto para desmantelar ese estado de cosas que tanto nos duele.

¿Y el muro?, le han preguntado los periodistas a Ebrard. ¿Qué hacer si sale en la mesa? No está en la agenda, ha dicho con tino el próximo Canciller. Veremos en los próximos meses diálogo, entendimiento, pero no sometimiento. Siempre he dicho que podemos voltear hacía Asía, que podemos fortalecer un tratado vigoroso con América del Sur, que China puede ser un aliado importante. No apostar todas nuestras canicas al Vecino Distante, que decía el gran reportero Alan Reading.

Mientras, proporciona una gran confianza lo que ocurra el día de hoy y los puentes que se abran. El regreso a los principios juaristas (El respeto al derecho ajeno es la paz) y a la doctrina Estrada también alivian. Nuestra política exterior era —hasta el comes y te vas y otras linduras— un motivo de orgullo; era un patrimonio intangible tan importante como nuestras pirámides. Hemos dilapidado parte de ese respeto, pero nunca es tarde para replantear con inteligencia la política exterior de México, una de nuestras mejores tradiciones de gobierno.

La reunión de hoy es un primer paso para exigir que se nos trate con dignidad, para establecer el tipo de relación que queremos tener con Estados Unidos. Si el presidente vecino asume que el viejo cuento de La fierecilla domada, de El Conde Lucanor es su manera de tratar a los otros (amenazar y golpear para doblegar, como ya dijimos), nosotros en cambio volveremos a los principios de la diplomacia, entre los que está el de la reciprocidad.

Ya no es tiempo de cruzarse de brazos, un bono democrático de más de treinta millones de votantes, cinco gubernaturas, 69 senadores, 310 diputados, 385 diputados locales, trece capitales estatales y 314 ayuntamientos da la fuerza para sentarse a la mesa de igual a igual, sin ningún complejo de inferioridad. Los mexicanos nos merecemos ese respeto.

 

PEDRO ÁNGEL PALOU

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Las encuestas, unánimemente dan un puntero y casi unánimemente se ponen de acuerdo en que ese puntero lleva una delantera demasiado clara para parecer alcanzable

 

Escribe: Pedro ángel Palou 

 

En los últimos días una especie ha corrido por las redes sociales, la posibilidad de un fraude electoral el 1 de julio. Por un lado, el cuarto de guerra de Meade no solo anunciando que están en segundo lugar de las encuestas sino, ellos mismos, diciendo que las encuestas no van a ser reflejo del verdadero resultado. Por otro Yedikol amenazando con la sombra diabólica de una revuelta si existe ese fraude anunciado. Ni unos ni otros, por favor. Ni pensar en el retroceso democrático brutal cuando a los mexicanos nos ha costado tanto la democracia, ni tampoco jugar a meter miedo en los electores.

Las encuestas, unánimemente dan un puntero y casi unánimemente se ponen de acuerdo en que ese puntero lleva una delantera demasiado clara para parecer alcanzable. Las últimas parecen solo no ponerse de acuerdo en quién es el segundo lugar (ese por el que, sin otro argumento, Gabriel Zaid proponía como el candidato a votar). En 2000 con la ola de la simpatía del candidato Fox y varias gubernaturas recientes del PAN su candidato ganó con un 42.8 y en 1994 Zedillo con 48.2. Un 51 por ciento, si acaso ocurre -lo dudo a pesar de lo que digan las encuestas- arrastraría a Morena a ganar el Congreso y probablemente seis de nueve gubernaturas. Si eso ocurre estaríamos en un escenario inédito de la política mexicana desde la transición.

López Obrador, con un tesón que solo veo en el Lula que ganó en su tercera postulación, aparece como el líder social al que el hartazgo y la ira han hecho que se alineen las estrellas. Algunos piensan que en el camino se ha ido moderando, no lo veo así. Fue un jefe de gobierno de una cauta izquierda casi centro en la Ciudad de México que tuvo tintes incluso moderados en términos de matrimonio igualitario y aborto, por poner solo dos ejemplos. Trabajó de la mano de los empresarios, como parece que lo hará ahora con Romo, y creó una clientela política que ha capitalizado años después de haber recorrido el país una y otra vez. Hay algo de Tata Lázaro en los mítines masivos y en el AMLOVE con el que sus seguidores abarrotan las plazas públicas, hay una idea inédita desde entonces de una posible utopía, de un cambio verdadero.

 

Lo que sí ha pasado, en el camino, es que AMLO se ha vuelto pragmático, sus alianzas son un claro ejemplo de esto. Gobernará con un pacto social similar al de Lula que acaso le permita construir un tejido social ahora roto para realizar la que él llama la cuarta transformación de México. Su autoconfianza equivale a un milagro, pensar que él solo puede cambiarlo todo y, por ejemplo, acabar con la corrupción.

 

El domingo salgamos a votar sin miedo, la crónica de un fraude anunciado solo le conviene al abstencionismo. Es casi imposible que ocurra, porque las instituciones electorales se han fortalecido a lo largo de estos años, porque hay un escrutinio ciudadano e internacional brutal. El presidente del INE se ha comprometido a anunciar a las once de la noche el resultado de una especie de “encuesta de salida” hecha por la UNAM y el Politécnico. Luego vendrá el PREP alimentando hora tras hora durante toda la noche el resultado de cada casilla. Esta vez, a mi juicio, no ha funcionado -o acaso en contra- una campaña de miedo como la ocurrida en la elección de 2006. En esa ocasión López Obrador había salido avante de un injusto proceso de desafuero y había leído un discurso en la Cámara que, dicen los que saben, pergeñó Carlos Monsiváis y que terminaba diciendo: “Los quiero desaforadamente”. Todo parece indicar que a partir de diciembre tendrá el verdadero reto de su vida política: responder a la esperanza colectiva que él mismo ha alimentado por doce años. México es mayor de edad políticamente y no hay que amenazar, como decía Porfirio Díaz, con ningún tigre. Nos merecemos esa tranquilidad democrática, nos merecemos la alternancia. Nos merecemos soñar, como dice el nuevo filósofo mexicano, Javier Chicharito Hernández, imaginando cosas chingonas.

 

 

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Cerrar delegaciones traerá ahorros, pero provocaría menor calidad.

 

Avatar de Luis Miguel González
 

 

 

 

¿Estás harto de los virreinatos que consolidaron los gobernadores? Entonces, seguramente estarás de acuerdo con que se les ponga un contrapeso a esos señores, en forma de superdelegados.

Y usted, ¿está cansado del centralismo, de tener que venir a la Ciudad de México para las gestiones que sólo el secretario del ramo y su equipo pueden resolver? Si es así, le parecerá una buena idea el sacar algunas secretarías de Estado de la capital. Agricultura a Ciudad Obregón; Economía a Monterrey, Educación a Puebla o Turismo a Chetumal.

Andrés Manuel López Obrador no ha dado muchos detalles de cómo se harían estos cambios, pero ya agitó el avispero. Con toda razón, porque se trata de la mayor reforma administrativa de las últimas décadas. Implicaría un cambio radical de la relación entre los estados y la Federación; entre los gobernadores y el presidente.

Es una bomba. Será también una reforma política. La creación de los superdelegados quitará poder a los gobernadores, en favor del presidente y su equipo. No será difícil “vender” la decisión porque la población está cansada de los abusos de los gobernadores y de la falta de contrapesos locales. También de la indiferencia o complicidad de quienes mandan desde la capital.

AMLO tampoco tendrá problema por la vía política: cuenta con la fuerza que le dieron las urnas el 1 de julio. La duda radica en el impacto que esta decisión tendrá en la vida de la población que vive fuera de la Ciudad de México, alrededor de 110 millones de personas. ¿Qué va a pasar con los trámites que ahora se hacen en las delegaciones federales en los estados? Son de muy diversa naturaleza: pasaportes en la SRE, denuncias ante la Profeco, permisos de uso de agua en Conagua, financiamiento en Nafin o Bancomext, conservación de edificios en el INBA y un larguísimo etcétera.

¿Cuánto costará y cómo se medirán los beneficios? Cerrar las delegaciones traerá ahorros interesantes, pero puede provocar una pérdida en la calidad de los servicios que ofrecen. Los superdelegados no son superhéroes y, además, estarán saturados de instrucciones políticas. Su principal tarea será cuidar al gobernador y representar a AMLO. No podrán hacer las tareas de atención a los ciudadanos que antes hacían 25, 30 o 35 delegados en cada estado. Ellos tenían subdelegados y personal para hacer la chamba. Aclaro: no pretendo defender el estado actual de las cosas. El esquema de las delegaciones es caro e ineficiente, debe reestructurarse, pero para poner en primer lugar la calidad del servicio a los ciudadanos que no viven en la capital.

La desconcentración de algunas secretarías me gusta. Nací en provincia y creo que este país tiene una enorme deuda con las regiones. Me preocupan los detalles de la implementación: ¿Cómo será el traslado/mudanza de los trabajadores actuales y sus familias? ¿Cuántos se mudarán y en qué condiciones? ¿Qué medidas se tomarán para fomentar conectividad aérea y la oferta de vivienda y servicios en algunas ciudades pequeñas que albergarán secretarías? ¿Cómo se evitará que pase lo del Inegi, porque su traslado a Aguascalientes significó duplicar costos, ya que se mantuvo la operación en el DF?

Habrá desconcentración y contrapesos a los gobernadores. Nadie puede estar en contra de esto. La clave estará en los detalles. El tiempo dirá si esto es una gran idea o fue una ocurrencia.

 

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Escribe: Uriel Reyes Aguilar

Teniendo como escenario el bello rancho de San Sebastián en el municipio de Zumpango Estado de México el joven cantante Franco Álvarez platicó sobre su carrera y proyectos ahí descubrimos quien es esta joven promesa de la música regional.

Franco nos recibió como un verdadero cantante, entonando uno de sus éxitos para deleite de sus seguidores. Platicando nos contaba que el componer canciones fue un talento que descubrió e inicio a la edad de 18 años, su carrera profesional aunque joven augura buenos presagios, de la mano de canciones compuestas por el mismo Franco Álvarez añade un toque original en cada composición.

Una serie de presentaciones respaldan el trabajo de Franco, estados como Guadalajara, Puebla, el Estado de México son testigos de ello. Hoy radica en Mazatlán, Sinaloa donde también cimienta su talento

“La historia entre tu y yo” el más reciente tema dentro de su carrera, expresa un espacio romántico un tema que dibuja de la mano de Franco una historia de amor. En palabras del intérprete “es un video muy bueno, yo se los recomiendo para que lo vean, acabamos de promocionar un sencillo que se llamo “mi respeto licenciada” que es un corrido que hicimos para todas las abogadas, tuvimos buena respuesta del publico”

Hoy se vislumbra un éxito para Franco cuyos éxitos acumulan mas de 10 millones de visitas en plataformas digitales, todo esto se lo debe a su público a sus seguidores aquéllas personas que escuchan y admiran la música regional mexicana.

Para Zumpango hay una presentación el 16 de junio justamente en el Rancho de San Sebastián y en donde se hace una cordial invitación.

Franco también nos contó que durante su infancia las canciones de Pedro Infante era lo que escuchaba comúnmente, considerándolo un gran ídolo y ahí nace su inspiración para querer cantar.

Al preguntarle sobre un mensaje para la juventud Franco nos respondió “Yo les diría que siempre buscar sus sueños, pero hay que fijarse y descubrir para que es uno bueno, si tu eres bueno para bailar, tienes que enfocarte en ser el mejor bailarín y si eres bueno para lo que sea, tienes que enfocarte en eso y darle por ahí, porque es lo que teda la vida de mayor satisfacción es trabajar en algo que amas, en algo que te gusta, ese es el consejo que yo te voy a dar”

Con una canción Franco la promesa de la música regional mexicana se despedía de nosotros.

Gracias a ustedes, gracias por el espacio, yo soy su amigo Franco Álvarez.

 

 

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‪‎PUNTOSSOBRELASÍES‬

EL ECLIPSE DEL SOL AZTECA

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RAMÓN ALBERTO GARZA/reporte indigo
@ramonalberto

 Jul 12, 2018
 Lectura 3 min
 

Si algún partido político pagó en las elecciones presidenciales el precio de todos sus pecados acumulados, ese fue el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Tan severa fue su debacle, que estuvieron a nada de no alcanzar el tres por ciento y con ello perder su registro. De ese tamaño fue la hecatombe.

Lo más significativo es que perdieron la Ciudad de México, la joya de la corona desde que en 1997 su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas, se convirtió en el primer jefe de gobierno no priista.

Desde entonces Cárdenas, López Obrador, Ebrard y Mancera dominaron la escena en el Sol Azteca. Hoy, de los cuatro, ninguno milita en el PRD. Cárdenas y Ebrard están en lo afectos de “ya saben quien”. Mancera en el limbo. Y López Obrador, desde Morena, despachará ya como presidente.

El origen del cataclismo perredista se ubica en que sus líderes traicionaron, una y otra vez, los principios que rigieron su creación.

Sexenio tras sexenio, en la rapiña del poder, sus tribus se desgastaron en sórdidas disputas de privilegios y canonjías, hasta que los llamados Chuchos –Ortega y Zambrano- se escrituraron el partido. Y acabaron de la mano del PRI, como comparsas reformistas, temerosos de que Morena y el liderazgo de López Obrador los borrara del mapa. Sus horribles pesadillas se les cumplieron el primero de julio pasado.

Y para rematar, le copiaron al PRI y al PAN sus excesos, intentando imponer la candidatura de Alejandra Barrales, quien igual que Roberto Madrazo en 2006 y Ricardo Anaya en 2018, aprovechó su calidad de presidente del partido para imponerse la boleta. Los tres fracasaron.

Ya en el colmo de la desesperación, el PRD de los Chuchos y Barrales acabó pactando con el PAN y con Movimiento Ciudadano la coalición 2018.

Anaya y el PAN en la candidatura presidencial, a cambio de apoyar al PRD y a Barrales para retener la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

El resultado fue otro desastre, todavía mayor. Si hace seis años con López Obrador lograron 10.9 millones de votos en la elección presidencial (22.27 por ciento) , ahora apenas alcanzaron 1.3 millones (2.87 por ciento). Volaron 9.5 millones, mayoritariamente a Morena.

En la Ciudad de México la fractura se convirtió en quiebre. De los 3 millones de votos con los que el PRD ganó con Mancera en 2012, solo 1.5 fueron para la perredista Barrales. Los otros dos millones se los llevó la morenista Claudia Sheinbaum.

Y en el Senado, de 22 escaños que ganaron en el 2012, 16 de mayoría y 6 plurinominales, ahora apenas tendrán ocho en total, seis de mayoría y dos plurinominales.

Lo que reflejan esos números, junto con los de su aliado el PAN, es que la coalición Al Frente por México fue un pésimo negocio para los dos partidos.

Homogenizaron sus fallas, fueron incapaces de capitalizar el hartazgo hacia el PRI-Gobierno y los electores se les fueron por millones a consolidar a Morena.

Por eso al igual que en el PAN de Anaya y sus acólitos, ni Alejandra Barrales ni los Chuchos tienen derecho a reclamar la refundación del PRD.

Porque en política aquellos que son los sepultureros, difícilmente serán los redentores. Tienen que pasar a pagar la factura en el panteón del olvido.

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“México no se explica; en México se cree, con furia, con pasión, con desaliento” Carlos Fuentes

 

 

Nací en 1966. Argentina 1978 marcó el más grande dolor de mi infancia. Mi adolescencia estuvo marcada por otros descalabros, mundial tras mundial. Por no haber calificado en uno y por haber sido sacado de otro por el famoso incidente de los chachirules. Si repaso mi educación sentimental con el futbol nacional la derrota y la frustración son la constante.

Roca iba a llevarnos a ganar el mundial y aún me duelen como una humillación personal los seis goles de Alemania allí. No había álbum Panini pero en una cartulina con el dibujo de la cancha los niños de entonces pegábamos las corcholatas con las fotos de los jugadores, poniendo allí la alineación. Recolecté, junto con mis hermanos, esa selección refresquera con mística casi religiosa.

Argentina 78 es para mi generación nuestro Maracaná y solo puede compararse con la derrota en Los Ángeles del Ratón Macías en Box para la generación de mis padres.

Prestos a las analogías -a los mexicanos nos encantan-, pensamos en esa serie de derrotas como en una especie de sino nacional. “Se jugó como nunca y se perdió como siempre” es la frase que acompañaba el despectivo, ratoncitos verdes, con el que se veía a nuestra escuadra.

En México la épica de la derrota no es un oxímoron, está embebida en la historia patria: Cuauhtémoc con los pies quemados, Morelos apresado en una jaula, Zapata y Villa asesinados, los niños Héroes inmolándose para nada, el 5 de mayo donde nuestras armas se cubren de gloria para al final después de 72 días de sitio al año siguiente tener a Maximiliano como emperador.

El futbol como metáfora nacional, entonces, nos ha marcado. Es la gran pasión mexicana, pero también, hasta el domingo pasado, nuestra gran frustración. Estos seleccionados de Rusia 2018 no solo han ganado un juego, se han atrevido a rescribir la historia.

Qué alegría más grande nos han dado. Hemos llorado y gozado como nunca esos noventa minutos de ensueño. Un primer tiempo ejemplar, un segundo tiempo con un orden y aplomo en la defensa que no conocíamos.

Qué alegría por mis hijos que pueden decir que México es grande y que se pueden atrever a creer en sí mismos y a soñar con cosas importantes para el país. Por ejemplo, que es posible cambiar la narrativa derrotista que sumió a mi generación en la ignominia y en una sucesión de crisis económicas que dieron al traste con cualquier milagro mexicano, como el que la jauja petrolera nos prometía.

Mañana sábado la selección se enfrentará a Corea, seguramente para seguir el camino ascendente que se ha trazado. En este mundo de memes, donde la realidad se abstrae en imágenes pasamos del “No mames” de una chilanga de visita en Rusia, Karen Harfusch que ya se viralizó y fue incluso entrevistada por El País, a el chihuahueño con los dientes afilados destruyendo al tímido pastor alemán.

Esas formas de expresión instantánea no deben hacernos olvidar el tamaño de la hazaña. Y su significado para las generaciones de niños y niñas que vieron ese juego en donde nunca, ni por un minuto, tuvimos complejos de inferioridad. Donde, como dijo genialmente Lozano, no se trataba de perderle el respeto a Alemania -a pregunta expresa de un periodista obvio-, sino de competir de igual a igual. ¿Por qué no soñar? le decía el Chicharito a Faitelson en una entrevista antes del mundial. El comentarista, amargado, afirmaba, porque no tiene caso, vamos a perder contra Alemania. Osorio y los muchachos le callaron la boca a millones de incrédulos. Sellaron un pacto con la juventud mexicana que no tiene vuelta atrás y que refrendaremos en las calles cuando termine el mundial, pensando en un país mejor, más justo, sin inquinas y donde los consensos nos permitan seguir ganándole a la vida con marcadores incluso más abultados.

México necesita más que nunca esto que pasó el domingo pasado, confianza, aplomo, seguridad. Han sido tiempos extraños y fatales los que hemos vivido. Nos hemos fracturado y hemos dejado que la violencia se apodere de todos nuestros rincones.

Es tiempo de rescatar la patria, de hacerla de nuevo la casa de todos. La verde nos ha enseñado como, y lo ha hecho con humildad, con paciencia, estudiando al rival, practicando, no dejando nada al “ahí se va”. Lecciones indelebles para la nueva generación.

Era el día del padre, y no solo le ganamos a Alemania. Le ganamos a nuestro atávico pesimismo, nos atrevimos de una vez por todas, a cambiar la historia. Gracias selección por esa indeleble enseñanza.

Vía: El Heraldo de México

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PAN: REFUNDAR O REFUNDIR

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RAMÓN ALBERTO GARZA/reporte indigo
@ramonalberto

 Jul 11, 2018
 Lectura 3 min
 

Ricardo Anaya abusó de su buena estrella, y de los espacios políticos que se le abrieron –o que abrió a fuerza de intrigas y traiciones- para ser presidente del PAN primero y, después, candidato presidencial de la coalición Por México al Frente.

Para lograrlo se montó en el ímpetu de su juventud, en su inteligencia y en sus dotes de orador de la era digital, despreciando a quienes, por sus apellidos, se sentían los dueños históricos del PAN.

El Joven Maravilla le sacó enorme provecho al triunfo panista del 2016, cuando ganó siete gubernaturas -solo o en alianza- incluyendo Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Puebla, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz. Lucía victorioso, imparable.

Y desde ahí comenzó a tejer su candidatura presidencial, bloqueando la elección interna para acabar pactando en solitario una alianza con el devaluado PRD y Movimiento Ciudadano.

Se salió con la suya.

Pero su inteligencia no fue compensada con la necesaria humildad. Y comenzó la estampida. Desde Margarita Zavala, hasta Germán Martínez, Javier Lozano, Gaby Cuevas y decenas de albiazules de peso, con los ex presidentes Fox y Calderón incluidos.

Y Anaya se sintió invencible.

Lo suficiente para no compensar con nuevas contrataciones políticas a aquellos que huyeron frente a lo que llamaron la ola del neofascismo azul.

Solo pudo atraer a escena a Jorge Castañeda.

Y de la mano de Diego Fernández de Cevallos, Santiago Creel y el mismo Castañeda, se lanzó a una cruzada política en la que acabó rebasando por la derecha el discurso anti-sistema de Andrés Manuel López Obrador.

Para lograrlo, abrió fuego contra el presidente Enrique Peña Nieto, a quien apoyó incondicionalmente en sus reformas estructurales y quien desde Los Pinos operó para que Anaya se hiciera de la presidencia del PAN.

Pero Anaya equivocó la estrategia. Y lejos de fajarse con López Obrador se dedicó en los debates a disputar el segundo lugar con José Antonio Meade.

Y para eso, usó como último recurso de campaña la amenaza de encarcelar por corrupto a Peña Nieto.

Fue su tozudez, y su falta de palabra ante prominentes benefactores, lo que impidió que se consumara la alianza electoral entre el PRI y el PAN, para concretar un frente antilopezobradorista. Y el castillo de naipes colapsó.

Siete de los 11 gobernadores de Acción Nacional le dieron la espalda en las horas anteriores al primero de julio. Y otros tantos operadores le desertaron, para irse o con Morena o a darle el último estirón al PRI.

Con toda la alianza a cuestas, Anaya apenas logró 12.6 millones de votos, abajo de los 12.7 millones que Josefina Vázquez Mota, la candidata del 2012 que acabó en tercer lugar por las traiciones de Fox y Calderón.

De hecho, Anaya apenas alcanzó el 22.27 por ciento de los votos, contra el 25.4 por ciento que en el 2012 logró Vázquez Mota, sola.

Por eso cuando ayer salieron Anaya y un séquito de jefes panistas a defender para ellos la presidencia del PAN, no faltaron las voces que le reclamaron la debacle.

El único estado que en solitario conquistó el PAN fue Guanajuato. Y con alianza, lograron sacar adelante, por una nariz, a Yucatán.

De los 107 diputados federales que hoy tienen, ahora apenas serán 79. Y de los 38 senadores, tendrán que conformase con 22.

Por eso decimos que, igual que el PRI, Acción Nacional tiene que refundarse o refundirse.

Pero ese camino, no será sosteniendo, por un nuevo capricho, el fallido pontificado de Ricardo Anaya.

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AMLO DE TERCIOPELO

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RAMÓN ALBERTO GARZA/reporteindigo
@ramonalberto

 Jul 5, 2018
 Lectura 4 min
 

Nos alertaron de que si ocurría sería el cataclismo. Que las siete plagas caerían sobre México. Que la violencia se desataría, fuera electo o no. Que se soltarían los tigres.

Que al instante se confiscarían casas, escasearía la comida, que se encarecería el dólar, faltarían combustibles y nos enfilaríamos a ser otra Venezuela.

En la cúspide del absurdo, se desataron cadenas de oración entre la socialité católica, apostólica y Romana, para que no fuera electo quien busca cerrar la brecha de la desigualdad. Como si la misericordia de Dios se prodigara por código postal.

Pero a pesar de todo, Andrés Manuel López Obrador fue electo como el nuevo presidente de México, con una votación apabullante del 54 por ciento.

No pasan aún tres días, y los mexicanos ya vivimos la evaporación de la confrontación que engendró una elección presidencial polarizada.

Fuimos partícipes y testigos de lo que puede calificarse hoy como la elección mas limpia, democrática y civilizada en la historia moderna de México, con apenas algunos prietitos en el arroz como el de Puebla.

Ver a los tres rivales levantarle la mano al vencedor, recibir el resultado oficial del PREP en tiempo y con precisión, escuchar la felicitación presidencial al ganador de un partido opuesto al suyo y ver las cartas de congratulación al tabasqueño de quienes lo calificaban todavía días antes como “Un peligro para México”, dejó boquiabiertos a nacionales y extranjeros.

El discurso de la victoria del tabasqueño lejos de ser triunfalista fue de estadista, sin parafernalia populista, con humildad. Pero sobre todo tranquilizador de ánimos y de mercados.

El encuentro en Palacio Nacional entre los presidentes, el saliente y el electo, fue una escena que si alguien la habría pensado hace uno mes, calificaría como sueño guajiro.

Ni que decir de la primera llamada entre Trump y López Obrador, calificada por ambos como amigable y positiva, prometiéndose un primer encuentro lo antes posible. Algo que no se logra en un año y medio con el presidente saliente Peña Nieto, a pesar de la relación Videgaray.

Y ayer miércoles, López Obrador y Alfonso Romo, sentados ya a la mesa con el Consejo Coordinador Empresarial, afinando las directrices de lo que será la relación entre empresarios y el nuevo gobierno.

Ni que decir del desplegado firmado por Germán Larrea, el presidente de Grupo México, hasta hace unas semanas acérrimo adversario del candidato de Morena, sumándose con civilidad al compromiso de trabajar con su nuevo gobierno.

Y la cereza del pastel, la cotización interbancaria del dólar, que cerró ayer en 19.39 pesos. Una apreciación de un 7.4 por ciento por abajo del 20.83 que registró hace apenas dos semanas. Tampoco se colapsaron los mercados.

Y aunque sin duda es muy temprano para evaluar, vivimos lo que podría calificarse como una impensable “Transición de Terciopelo”, en la que los pronósticos fatalistas acabaron estampados contra la pared.

Aceptemos con madurez democrática la decisión del voto. Intentemos comprender que fue el enorme hartazgo hacia la complicidad, el contubernio, la corrupción y la impunidad lo que volcó a la población a votar por Morena y por sus candidatos, que acapararon presidencia, gubernaturas y curules.

Si quienes se oponen a lo que sucedió no son capaces de entender la nueva realidad y rechazan el ajuste que viene en las reglas del juego político, vivirán un sexenio en el que la única salida a sus frustraciones se limitará a postear memes contra el Peje presidente. Mejor trabajemos por México.

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Raymundo Riva Palacio

Andrés Manuel López Obrador olió la sangre de la victoria en Tamaulipas. La semana pasada instruyó a su coordinador electoral en esa región, Ricardo Monreal, comenzar la batalla contra el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, quien en junio de 2015, con una votación arrolladora, le arrebató al PRI el poder estatal que siempre habían tenido, con lo que demostró recursos políticos, económicos y capacidad de movilización, que tienen preocupado al puntero en las preferencias presidenciales. La motivación de López Obrador debe ser preventiva, ya que avanza -según las encuestas- a conquistar el estado, y debe querer que nadie se lo impida. El problema es el patrón nacional donde se han roto las normas de convivencia y se está arrastrando a los ciudadanos al estado primario en el que se encuentran combatiendo los actores políticos.

La semana pasada Monreal ofreció una conferencia de prensa en Ciudad Madero, donde que nadie imaginaba en dónde terminaría. “Le hago un llamado al gobernador para que no meta las manos, ni él, ni su gente”, comenzó Monreal sin mostrar evidencia que apoyara su denuncia sobre injerencia ilegal en el proceso electoral. “Hemos tenido una actitud de respeto para él. No queremos que esa actitud se pierda. Andrés le manda decir al gobernador que no se meta. Por mi conducto, le manda decir que no actúa de manera ilegal”.

La prensa tamaulipeca buscó al gobernador García Cabeza de Vaca para conocer lo que pensaba de las imputaciones de Monreal, y conforme avanzaba su respuesta, el lenguaje fue subiendo de tono, semántico y acusatorio. “Hemos sido muy respetuosos del proceso electoral, pero en particular hemos sido muy respetuosos con las leyes electorales en Tamaulipas”, comenzó. “Si existe algún elemento que tenga él conocimiento o alguien de algún partido político de irregularidades en el proceso electoral, que meta las denuncias correspondientes. Nosotros nos vamos a mantener firmes en nuestras convicciones de apoyar y respaldar todas las acciones que sean encaminadas a desarrollar un proceso democrático”.

Entonces, se dispararon los cañonazos. “Yo le recordaría a él”, dijo García Cabeza de Vaca de Monreal, “que lo corrieron de la Ciudad de México por corrupto. Por eso no fue candidato a (la jefatura de gobierno de) la Ciudad de México. Esa no es una presunción, es una realidad. Que no venga a descargar su ira e impotencia con esa actitud amenazante que no ayuda en nada a este proceso electoral”. La respuesta de Monreal llegó cargada de ira:

“Llamé de manera respetuosa a que el gobernador sacara las manos y los pies (eso no lo dijo en un principio) del proceso. Era un llamado respetuoso pero reaccionó de manera violenta el gobernador del estado de Tamaulipas. Yo le recuerdo que una de las características que debes asumir como gobernante es la prudencia, la serenidad, la sensatez; no el hígado porque siempre pierdes. Hice señalamientos puntuales en un afán de buena fe. Reaccionó violentamente e hizo una acusación. Le exijo que lo demuestre. Dijo que había salido de la Ciudad de México por corrupción. Tengo 40 años en el servicio público; he sido tres veces diputado; dos veces senador; gobernador y delegado de la Cuauhtémoc.

“No voy a permitir que un gobernador como él esté difamando. Por eso le exijo que demuestre en qué parte, con qué juez, o con qué órgano de control estoy acusado y sancionado por corrupción. Y si no, que se retracte y ofrezca una disculpa. Yo tengo expedientes, lo recordarás gobernador, del 2009, de la averiguación de la SIEDO, la 012, y sabes muy bien a lo que me refiero. No sé por qué estás gobernando. No sé por qué estás impune, pero es un asunto de la autoridad que tendrá que responder”.

La averiguación a la que se refirió Monreal es la PGR/SIEDO/UEJDCS/012/2009, que contiene la declaración ministerial de Antonio Peña Argüelles, a quien una corte federal en San Antonio encontró culpable en 2014 de haber lavado dinero para el Cártel del Golfo y Los Zetas, así como de haber sido intermediario entre esas organizaciones criminales y el ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, quien enfrenta un proceso en Estados Unidos como parte orgánica de esos cárteles. Peña Argüelles declaró que en 2004 le pidió Yarrington conseguir apoyos económicos del Cártel del Golfo para inyectar a la campaña de García Cabeza de Vaca a la alcaldía de Reynosa. La investigación, hasta donde se sabe, sigue abierta.

Monreal fue más allá en el reto al gobernador. “Estoy acostumbrado a enfrentarme a sátrapas, a tiranos, a este tipo de personajes autoritarios”, dijo. “No les tengo temor. No soy tu lacayo ni tu bufón. No te estás enfrentando con uno de tus lambiscones. Te voy a enfrentar con la ley en la mano”.

 

A la velocidad de una declaración y una respuesta, el conflicto electoral se volvió en uno judicial, pendenciero, amenazante y totalmente alejado del proceso democrático en el que todos pregonan se encuentra México. Qué mas falsedad en la retórica extendida que lo que este episodio desnuda. Vivimos en un conflicto que cada vez profundiza su división, alimentados por un espíritu vengativo, abundante en intolerancias, donde las pieles son muy suaves y los rencores muy profundos. Ya no hay puntos medios. La polarización dejó de ser polar y tiene múltiples expresiones de discordia y encono. El 1 de julio no será el mejor o el peor día de unos y otros tras el resultado electoral. El día 2, si las cosas siguen por este derrotero, empezaremos a ver el fruto de nuestra furia.

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