0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para FOLLOW THE MONEY

 

Lozoya Austin estaría jugando a la segura, con la convicción de que cuando el fondo se revele y emerjan lo que el exdirector presume como los beneficiarios reales, su nombre saldrá lavado

Si Emilio Lozoya Austin no sólo rechaza que recibió los sobornos de Odebrecht, sino que su abogado exige a la PGR que lo cite a declarar y anuncia que demandarán a los sobornadores que lo acusan “en falso”, la historia puede cambiar de curso.

Si esas acciones son ciertas, y no hay por qué dudarlas si están declaradas de voz por el exdirector de Pemex y por su abogado Javier Coello, entonces la novela podría tener un desenlace muy inesperado.

La conclusión es de sentido común, si se considera que existen, además de los testimoniales, números de cuenta, nombres de los bancos y montos de los depósitos.

Y es entonces cuando al estilo norteamericano, aplica el  “Follow the money”–rastrea el dinero- y sabrás a quien le pertenece.

Sería muy infantil pensar que Lozoya Austin diga que nunca le pagaron un soborno, cuando existen presuntas pruebas documentales aportadas por Luis Alberto de Meneses, directivo de Odebrecht.

Para muestra  está la empresa Latin American Asia Capital Holding, offshore registrada en las Islas Vírgenes Británicas, y en cuyo número de cuenta del banco Gonet et Cie -el CH 46 0483 5090 3745 3400 7- se habrían depositado los 4.1 millones de dólares.

También están los otros millones depositados a la empresa Zecapan S.A., registrada en las Islas Vírgenes y con cuentas bancarias en el Principado de Liechtenstein.

Si como dicen el exdirector de Pemex y su abogado, quien fuera procurador en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, esas cuentas no están a nombre de Lozoya Austin, ¿entonces de quién?

Si lo que con tanta vehemencia declaran Lozoya Austin es falso, bastará que se identifique a nombre de quién están registradas esas cuentas. Y si el nombre del funcionario apareciera, se le cae cerrado.

Pero si Lozoya Austin refuta, exige y amenaza, debe ser porque sabe que cuando se investiguen esas cuentas aparecerán los nombres reales, en donde no estará él, pero sí otros. ¿De Pemex?, ¿de la campaña presidencial?, ¿del actual gabinete?

Y si es así, los dueños de esas cuentas deben de estar nerviosos de ser los depositarios de los 10.5 millones de dólares.

Si por ahí va la historia, Lozoya Austin estaría jugando a la segura, con la convicción de que cuando el fondo se revele y emerjan lo que el exdirector presume como los beneficiarios reales, su nombre saldrá lavado.

Eso no lo eximiría de la culpabilidad de solicitar el soborno, pero a menos que existan videos, grabaciones de algún funcionario de Odebrecht entrando a su casa, como declaró alguno, Lozoya Austin sería inocente.

No sería así para aquellos identificados como verdaderos titulares de las cuentas.

Pero no nos hagamos bolas. El epicentro del caso Odebrecht está en el follow the money. Y si de verdad queremos saber quiénes lo recibieron, sobran las formas para que el Gobierno mexicano exija a los Gobiernos de Suiza y Liechtestein, los detalles de ambas cuentas.

¿O volveremos a enterarnos desde el extranjero quiénes son los dueños reales de esas sobornables cuentas?

0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para PRI ASAMBLEA

 

Raymundo Riva Palacio

El gabinete del presidente Enrique Peña Nieto tiene clara la instrucción. No es la Mesa de Estatutos de la Asamblea Nacional del PRI, donde se aprobará la anulación de candados a la candidatura presidencial la más relevante, sino en la de Visión de Futuro, que se llevará a cabo este miércoles y jueves en Zapopan, donde se discutirán las reformas económicas de Peña Nieto. No será para cuestionar el porqué las hicieron, sino para encontrar la forma de que a lo ya consumado, puedan encontrar en menos de un año la fórmula para conseguir un consenso nacional que evite que el PRI sea expulsado del poder en 2018. Pero reinventar en tan corto tiempo el código genético de un gobierno excluyente y tentaciones autoritarias, parece imposible. Tanto, como que en las condiciones actuales el PRI pudiera mantener la Presidencia.

Las reformas de Peña Nieto, las más profundas desde el cambio de modelo económico impulsado Carlos Salinas desde la Secretaría de Programación y Presupuesto en 1985, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, provocaron una pérdida significativa de votos para el PRI. Desde las elecciones para gobernador en 2015, el PRI sólo administra 15 entidades, la cifra más baja en 26 años de alternancia electoral, con lo que perdió el 19% de su influencia en el país, al pasar de gobernar 66 millones de ciudadanos a 53. En las elecciones para gobernador en junio pasado, perdieron una de tres –otra, Coahuila, está en litigio-, y perdieron un millón de votos adicionales. Incluso en el bastión peñista, el estado de México, el PRI como partido perdió por 56 mil votos ante Morena, pero salvó la derrota de la gubernatura por los votos de sus aliados.

Todas las reformas peñistas han sido cuestionadas. La fiscal provocó que en noviembre de 2013 su índice de desaprobación rebasara al de aprobación, que nunca pudo recuperarse y tiene a Peña Nieto en el nivel más bajo de reconocimiento desde que se miden las gestiones presidenciales hace casi 30 años. Esta reforma hizo que los estados de la frontera norte votaran contra el PRI en 2015, mientras que la educativa hizo que en la cuenca del descontento en el sur, rechazaran a sus candidatos, y en los estados del Golfo, indignados por la energética, expresaran su repudio al gobierno en las urnas. De las seis entidades que concentran el mayor peso electoral, la Ciudad de México, Veracruz, Puebla y Guanajuato, están en manos de la oposición. Sólo mantiene el poder en el mermado estado de México, y está en riesgo de perder la gubernatura en Jalisco en 2018.

Se puede argumentar sobre lo indispensable que eran las reformas o no, aplaudidas en el mundo y repudiadas en México, pero lo que no puede ocultarse es que fueron decisiones cupulares donde se excluyó a todos menos a una docena de personas de varios partidos, controladas por Peña Nieto, que decidieron el futuro de la nación. Las reformas fueron cocinadas en el Pacto por México, un acuerdo con el PAN, el PRD y de manera satelital el Partido Verde y Nueva Alianza, que excluyó a los propios militantes de esos partidos y desoyó a los grupos de interés que tenían cosas qué decir sobre las transformaciones. Es cierto que una reconstrucción económica se tiene que procesar de esa manera, casi vertical, pero es fundamental que para evitar tensiones que amenacen la durabilidad de los cambios alcanzados, se tengan que buscar consensos. Al presidente, o no le interesó alcanzar el consenso, o quienes debían de haberlo construido, no hicieron su trabajo. En cualquier caso, el rechazo a su gestión ha hecho inviable, en este momento, que el PRI se mantenga en el poder, y abre la posibilidad a la regresión de sus reformas tras las elecciones presidenciales del próximo año.

La forma como ha funcionado el gobierno de Peña Nieto ha sido vertical y excluyente, en contraposición de sociedades cada vez más horizontales y abiertas. Manlio Fabio Beltrones, el ex líder del PRI, que mantiene un diálogo fluido con el presidente, y quien presidirá la mesa en Zapopan, ha insistido que lo fundamental que debe hacer su partido es construir un proyecto de gobierno que beneficie a los ciudadanos que le permitan garantizar que las reformas no sean revertidas. Es decir, que mantengan el poder. Pero en este sentido, es pertinente la pregunta, planteada varias veces por él, de gobernar para qué. ¿Para robar, como los gobernadores priistas y múltiples funcionarios durante su gestión? ¿Para beneficiar los intereses de sus grupos políticos y económicos?

Beltrones desarrolló un escenario posible que responda a la pregunta en un documento de “ideas”, donde tocó el crucial tema de la participación social organizada, que requeriría ser reconocida, primero, y después ser incluida en los debates, como “una forma de mostrar apertura, enriquecimiento de nuestras propuestas de políticas públicas y aproximación a las inquietudes sociales”. Traducido al castellano es: si el partido no se abre, se erradica el verticalismo y se actúa con sensibilidad ante lo que la sociedad quiere y necesita, no habrá forma de revertir la tendencia electoral actual. Si no se abre, tampoco hay rendición de cuentas y las inercias y vicios del peñismo continuarán. Beltrones no lo plantea de manera tan dramática, pero el mensaje es claro. Si Peña Nieto y su equipo no abren la concha desde donde gobiernan y aceptan incondicionalmente la rendición de cuentas, la Presidencia pasará a otras manos en 2018. Los mexicanos, se lo han venido diciendo, están hartos de ellos.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter: @rivapa

0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para ASAMBLEA PRI PEÑA

 

Raymundo Riva Palacio

1 er. TIEMPO: Tal como lo quería el Gran Tlatoani. El reloj político del presidente Enrique Peña Nieto, que parecía averiado, siguió marchando como lo calibró. Marcaba que primero tenía que ganar la elección en el estado de México, luego frenar a los aspirantes a la candidatura presidencial, después preparar una Asamblea Nacional del PRI que estuviera acotada y discutiera el libreto que les escribieron en forma de dictámenes, para que finalmente, como sucede en las democracias tuteladas, hacer como que había apertura para la discusión abierta sin temor a represalias, acomodar las cosas a sus deseos y obtener los resultados planeados. Bajo este guión escrito en Los Pinos y ejecutado por el renaciente Jesús Murillo Karam, la Asamblea Nacional del PRI va a revisar los estatutos, la mesa que se prevé sea la de la mayor controversia, y eliminar los candados para quienes aspiren a la candidatura presidencial, contra quienes buscan endurecerlos y arrebatarle a Peña Nietoun poco del poder metaconstitucional de un presidente priista para elegir a su sucesor. Sus posibilidades son mínimas. La última oportunidad real de poder hacerlo se acabó al ganar Alfredo del Mazo la gubernatura del estado de México, donde Peña Nieto apostó todo a costa de todo. Su preocupación por esa elección era tan profunda que cuando estaba en medio del escándalo por haber invitado a Donald Trump a México, en un evento saludaba a algunos de sus invitados y les preguntaba cómo veían la elección mexiquense (más de un año antes de celebrarse), mientras pedía que lo apoyaran a otros. Peña Nieto no escatimó nada. Ungió como candidato a quien se lo había prometido hace seis años, autorizó la creación de cinco cuartos de guerra donde personalmente revisaba cada semana el estatus del proceso y tomaba decisiones para corregir o mejorar. Del Mazo siempre fue una figura decorativa. La campaña no le pertenecía. El triunfo tampoco. La victoria fue de Peña Nieto y la administrará su primo. No se trataba sólo de mantener la gubernatura en Toluca. Peña Nieto se jugaba el poder dentro del PRI y el diseño de lo que será su vida después del 30 de noviembre de 2018. Esa era la estación previa a la Asamblea General, donde su poder llegará intacto ante un partido genéticamente autoritario, subordinado y mayoritariamente dócil.

SELLO 62 2

2do. TIEMPOLa neutralización de los adversarios. Con todo cuidado se preparó la convocatoria para la Asamblea Nacional del PRI, y el presidente Peña Nieto colocó a experimentados e incondicionales operadores para armar su esqueleto. Jesús Murillo Karam, uno de quienes puso peldaños a su candidatura presidencial desde hace más de una década en el estado de México, se encargó de redactar el documento base de la asamblea. José Murat, políticamente emparentado con el Grupo Atlacomulco, fue enviado a la Fundación Colosio contra la oposición y espanto de muchos priistas, para trabajar los documentos que se presentarán como dictámenes y, estratégicamente más importante, realizar las  primarias estatales donde se seleccionaron a los delegados que levantarán la mano cada vez que sus votos sean necesarios, y en cantidades industriales para apagar cualquier intento de disidencia y oposición. Peña Nieto es un viejo zorro en esto. Hace seis años, el entonces líder del PRI, Humberto Moreira, alteró la convocatoria para la candidatura presidencial, con ello impidió la competencia de Manlio Fabio Beltrones y dejó el camino abierto a Peña Nieto, quien comprobó que mediante el control a través de la elaboración de los documentos y el manejo de los tiempos, es la forma como se manipula y mantiene el poder. Ahora, el Presidente tiene todo bajo su control, pero aún así no están tranquilos. De manera bastante discreta frente a la opinión pública, pero un tanto cuanto salvaje intramuros, se dieron intentos de bloquear lo más que se pudiera a Beltrones, quien de manera informal y aspiracionista encabeza a quienes disienten del PRI de Peña Nietopara acotar su participación y movilidad en la asamblea. También se ha buscado que todos quienes se encuentran en su entorno próximo, sean dispersados en las cinco mesas de discusión, repartidas por el país para que no puedan formar un bloque que pudiera hacer más ruido del que quisiera Peña Nieto y compañía que se hiciera en el cónclave. Las presidencias de las mesas fueron diseñadas para que haya peñistas o personajes que acatarán lo que les pidan en Los Pinos para terminar de atar todos los cabos.

3ER. TIEMPO: Los mexiquenses al poder. Que haya mucha discusión y gritos, si se quiere en la Asamblea Nacional del PRI, pero que nada de sustancia modifique los planes. De eso se tratan las democracias tuteladas, de encauzar las cosas de acuerdo a los intereses de quienes tienen el poder. Y quienes tienen el poder, todavía, son los mexiquenses de todo tipo que llegaron de la mano del presidente Enrique Peña Nieto. Los políticos primitivos, como el secretario de Desarrollo Social, Luis Enrique Miranda, y los que se han tenido que tragar todas las irregularidades que se arrastran desde el estado de México a costa de su propia imagen, como el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza. Se empoderó una vez más la cabeza de la aristocracia mexiquense, representada por Alfredo del Mazo Maza y su familia, que se encuentra en las antípodas del clan de Miranda, compadre del Presidente desde el año pasado. La familia del Presidente, la sanguínea y la política también recibieron compensación histórica, como Carolina Monroy, a la que hicieron secretaria general del PRI, y la de los cuñados de Peña Nieto, parientes de la primera dama, Angélica Rivera, a quienes no les dieron cargos públicos, pero sí la facilidad para hacer negocios con el papel y los servicios de catering. Decenas de mexiquenses llegaron de Toluca a la Federación, como secretarios de Estado, subsecretarios, directores y coordinadores, pero también a la burocracia media. La gran mayoría de los mexiquenses empoderados beben de la mano de Peña Nieto, por lo que si se seca, se mueren de sed. Qué hacer con ellos después de 2018, es algo en lo que deben reflexionar quienes después de la asamblea del PRI inicien el sprint final hacia la candidatura presidencial. La protección de los mexiquenses es uno de los activos que tendrá que garantizar el próximo candidato (una candidata priista, en estos momentos, no está en el horizonte posible) a suceder al presidente, empezando por él mismo. Llegará Peña Nieto a escogerlo y a tratar de que gane las elecciones presidenciales el próximo año. Para eso se armó esta asamblea priista, que es y será una farsa, a menos de que los priistas disidentes, en clara minoría, demuestren lo contrario.

0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para FOX PEÑA NIETO

 

#LosPuntossobrelasíes

 

Ayer martes el «Presidente del Cambio» admitió que en 2012 le dio la espalda a Josefina Vázquez Mota, la candidata de su partido, para irse a apoyar a Peña Nieto


 
Lo que siempre fue una sospecha, pero que no existían pruebas que lo confirmaran, por fin salió a la luz en confesión de quien cometió el crimen.

Vicente Fox reveló públicamente que es un traidor. Un traidor a su partido, a sus principios y, al final del día, un traidor a todos los mexicanos.

Ayer martes el «Presidente del Cambio» admitió que en 2012 le dio la espalda a Josefina Vázquez Mota, la candidata de su partido, para irse a apoyar a Peña Nieto.

Lo hizo en una entrevista en el sitio Viva México Podcast, en donde reveló que no se arrepiente de que el PRI haya vuelto al poder con Peña Nieto.

Y confesó su traición bajo el argumento de que el entonces candidato del PRI le prometió que haría las reformas educativa, fiscal y energética.

El primer panista en gobernar México justifica su cambio del carro azul al tricolor.

¿Acaso Fox no confiaba que esas mismas reformas las pudiera encabezar Vázquez Mota, de la mano del PAN? Mentiras. Vicente Fox no habla con la verdad.

Lo que sucedió en 2012 fue el cumplimiento de un pacto político que se tejió en la elección de 2006 entre Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox.

Descartado el priista Arturo Montiel como candidato, el expresidente y su aliada Elba Esther Gordillo decidieron darle la espalda al candidato tricolor Roberto Madrazo. Lo veían como un traidor.

Y fueron hasta Los Pinos para proponerle a Fox el apoyo de su fracción priista al entonces candidato Felipe Calderón.

El pacto buscaba impedir que el entonces puntero, el perredista Andrés Manuel López Obrador, ganara la elección.

El precio de volcar a un poderoso sector del PRI para que el PAN se mantuviera en Los Pinos era muy claro: hoy te respeto a ti, PAN, la silla presidencial, pero me la regresas a mi, PRI, en 2012.

Ese fue, tras bambalinas, el nacimiento del primer frente opositor que sin dar la cara a la ciudadanía, convirtió al presidente Fox y a Calderón en oportunistas políticos.

Por eso en medio de la contienda de 2012, ambos abandonaron a Josefina Vázquez Mota. Porque tenían que cumplir su pacto de 2006.

Y eso queda ahora en evidencia con la confesión del propio Fox de que se fue a trabajar en la campaña priista con Peña Nieto.

¿Y los principios?, ¿y las víboras prietas y las tepocatas?.

Nadie reniega de los pactos políticos cuando se hacen por encima de la mesa. Al final son piezas del juego para alcanzar el poder.

Lo honesto habría sido que, de cara a la elección en 2012,  Fox admitiera: “Ni el PAN, ni yo, ni Calderón podemos con el paquete… regresemos al PRI a Los Pinos”.

Pero Fox lo pactó todo en lo oscurito. Dice él que a cambio de las reformas. Lo que de verdad se asoma en 2006 y 2012 es el pánico que le tenían a López Obrador.

 Por eso la confesión de Fox es crucial de cara al 2018. Porque de aquí a la elección volverán a darse pactos y nuevas traiciones. ¿Sabremos de ellas en 2024?

 
 

 

 
0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para odebrecht

 

El diario brasileño O’Globo dijo tener documentos que revelan que el receptor del soborno fue el exdirector de PEMEX, Emilio Lozoya Austin

#LosPuntossobrelasíes

 
Lo advertimos si el Gobierno Mexicano no se anticipaba a revelar a los funcionarios que recibieron los 10.5 millones de dólares en sobornos de Odebrecht, el golpe vendría del extranjero. Y la bomba ya estalló.

El diario brasileño O’Globo dijo tener documentos que revelan que el receptor del soborno fue el exdirector de PEMEX, Emilio Lozoya Austin.

Los testimoniales son de Luis Alberto de Meneses, director de Odebrecht México, así como Luis Mameri e Hilberto da Silva. Ellos dan cuenta de que el soborno se dio para que se les asignara la compactación y cimentación de los terrenos de la refinería de Tula, en Hidalgo. El soborno fue aportado en distintas entregas entre 2012 y 2016.

Los testimoniales revelan que la primera aportación de cuatro millones de dólares fue entregada en 2012 a Emilio Lozoya Austin. Lo curioso es que en el tiempo en que se le entregó, era solo un funcionario de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto.

Lo que se asoma es que el dinero habría sido entregado para beneficiar la campaña del presidente de México, o por lo menos eso es lo que Lozoya Austin les habría hecho creer a los directivos de Odebrecht.

El testimonial es muy claro al revelar que ese funcionario que se convirtió mas tarde en el director de PEMEX recibió el complemento del soborno hasta alcanzar los 10.5 millones de dólares y cumplió la promesa de asignar el contrato de 115 millones de dólares.

El asunto es delicado a la luz de lo que hoy sucede en otros países con Odebrecht y sus sobornos convertidos en aportaciones para campañas presidenciales.

Hace apenas un mes, el expresidente del Perú, Ollanta Humala, y su esposa Nadine Heredia Alarcón, fueron detenidos y enviados a prisión preventiva, acusados de haber recibido 3 millones de dólares para su campaña presidencial del 2011. Nadine era la jefa de la campaña de su marido.

Por eso en Los Pinos deben tener muy en claro lo que está en juego sobre la mesa. No se trata de un simple soborno.

Lo que se intentará poner a debate es si, como se presume por los tiempos y las circunstancias, al menos esa primera parte del soborno de 4 millones de dólares fue o no a dar a la campaña presidencial de 2012.

La única manera de que no suceda es que Lozoya Austin acepte que él engañó a Odebrecht y que tomó el soborno.

Coincidencia o no, Lozoya Austin se convirtió después en el director de PEMEX, con atribuciones para asignar el contrato de 115 millones de dólares a los brasileños, que le complementaron los 6.5 millones de dólares que faltaban.

Y curiosidad o no, el tema emerge en los momentos en que el presidente Enrique Peña Nieto apenas saboreaba su victoria política y la de su dirigente Enrique Ochoa, en la que podría considerarse una exitosa asamblea del PRI que les allanaba el camino de la sucesión presidencial.

Por eso no pierdan de vista el caso Odebrecht. Porque no tengan duda que por el rumbo que va, Odebrecht será crucial para decidir el futuro político en  2018.

 
 
0
0
0
s2smodern

Los seis gobiernos estatales que ha ganado la alianza PAN-PRD tienen el denominador común que el candidato ha sido un priista converso

POR: ÁLVARO DELGADO/ EL HERALDO DE MÉXICO

 

Resultado de imagen para ALIANZA PAN PRD

 

La historia reciente de México lo dicta: Ninguna alianza PAN-PRD ha sido exitosa sin un priista como candidato.

Los seis gobiernos estatales que ha ganado la alianza PAN-PRD –tres en 2010 y tres en 2016– tienen el denominador común que el candidato ha sido un priista converso.

En 2010, con la instrucción de Felipe Calderón desde la Presidencia de la República, el panista César Nava y el perredista Jesús Ortega fueron los operadores de la alianza para postular en Oaxaca, Sinaloa y Puebla a los expriistas Gabino Cué Monteagudo, Mario López Valdés, alias Malova, y Rafael Moreno Valle.

Los tres expriistas concluyeron sus sexenios bajo acusaciones de corrupción, endeudamiento excesivo y autoritarismo, como los ganadores priistas en esa misma elección, hoy presos, fugitivos o protegidos: Javier Duarte de Veracruz, César Duarte de Chihuahua, Roberto Borge de Quintana Roo, Jorge Herrera de Durango, Miguel Alonso de Zacatecas, Egidio de Tamaulipas…

¿PAN y PRD han rendido cuentas sobre el desastre de estos tres personajes expriistas que llevaron al poder y los otros tres, también expriistas, que lo ejercen actualmente: Migue Ángel Yunes en Veracruz, Joaquín González en Quintana Roo, hermano de un brazo derecho de Enrique Peña Nieto, y de José Rosas Auspuro en Durango? No.

Más aún: Mientras Malova y Cué devolvieron al PRI el poder a cambio de impunidad, Moreno Valle no sólo fue el único que, con toda la maquinaria estatal bajo su dominio, impuso a Antonio Gali como su sucesor con una alianza –aunque sin el PRD–, sino que ahora aspira a encabezarla como candidato presidencial.

En público y en corto, Moreno Valle alega que sólo él es capaz de materializar el Frente Amplio Opositor de vencer a Andrés Manuel López Obrador, el destinatario de esa alianza a la que, alardea, sumaría a Movimiento Ciudadano y al Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Su lógica numérica es que el PAN sólo no gana y con la alianza podría ganar los diez estados que concentran el 60% del padrón electoral y que definen la elección presidencial: Estado de México (13%), Ciudad de México (8.6%), Jalisco (6.6%), Veracruz (6.4%), Puebla (5%), Guanajuato (4.9%), Nuevo León (4.3%), Chiapas (3.9%), Michoacán (3.8%) y Oaxaca (3.2%).

Pone como ejemplo las elecciones más recientes: Si hubieran ido en coalición PAN-PRD-MC, habría obtenido 9 millones 611 mil, mientras que el PRI y el PVEM sólo habría tenido 7 millones 849 mil (22.45% más), por 4 millones 812 mil de Morena-Partido del Trabajo (50.070% de diferencia).

Para ganar se requiere una coalición de tres partidos, afirma Moreno Valle, quien asume que su expriismo es un pasivo entre la militancia panista, pero una ventaja para atraer apoyos de priistas afines al presidente Enrique Peña Nieto.

Apuntes: La aspiración de Ricardo Monreal para ser candidato de Morena a jefe de gobierno se desvanece si Miguel Angel Mancera, su amigo, es candidato presidencial o apoyador de la alianza PAN-PRD…

0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para peña nieto pri

 

Raymundo Riva Palacio/EJE CENTRAL

Cuando renunció Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia del PRI el año pasado, la decisión unipersonal del presidente Enrique Peña Nieto para sustituirlo fue Enrique Ochoa. La razón, lo decía en privado, era para mandar un mensaje claro al interior del partido, que entendería que cuando hablaba Ochoa, hablaba él. En estos últimos días, la encomienda se ha cumplido. En una entrevista con El Financiero el miércoles, Ochoa definió las virtudes que debe tener quien represente al PRI en 2018: trayectoria muy positiva, experimentada y probada en el ejercicio de la administración pública; honestidad comprobada, y un proyecto convincente e inteligente a la ciudadanía. Era preámbulo de lo que pasaría el jueves en Campeche, donde el PRI eliminó los candados para candidaturas presidenciales y estableció que cualquier militante, simpatizante o ciudadanos puede representarlo en 2018, sin restricciones, siempre y cuando goce de “buena fama pública”.

La decisión del PRI abrió los cerrojos que tenía Peña Nieto para escoger a su sucesor, con lo cual la definición del candidato, o candidata, pasó a otro estadio, el de los atributos esbozados por Ochoa. Entonces, ¿qué es la fama pública? El concepto está claramente definido en materia jurídica, pero es más subjetivo en el contexto político. Sirve, sin embargo, el Código de Ética y Conducta de los Servidores Públicos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que establece como deberes el respeto a las leyes; la ética, entendida como los valores que ayuda a distinguir lo bueno y los malos de las acciones; la honestidad y la honradez, que no son iguales, al significar la primera la demostración de una actitud responsable hacia su persona y hacia los demás, mientras que la segunda consiste en el reconocimiento y fama pública que se reputa como honesta.

¿Quiénes entre los aspirantes a la candidatura en el entorno de Peña Nieto no gozan de buena fama pública? Se puede argumentar que uno muy claro es el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, quien carga como un pesado lastre un tema objetivo, el del conflicto de interés sobre su casa de descanso en Malinalco, que nunca pudo responder en términos éticos al enfocarse solamente al aspecto legal. Otro es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, al que mancha justa o injustamente como él sostiene, la percepción de que uno de sus hermanos está involucrado en actividades poco transparentes. ¿Quiénes sí? Los alfiles del presidente, Aurelio Nuño y José Antonio Meade, secretarios de Educación y Hacienda, llenan ampliamente ese casillero, como también el caballo negro de la sucesión, José Narro, secretario de Salud. Ninguno de estos tres ha sido cuestionado en términos de su integridad o desapego a la ley. ¿Pero es suficiente?

En el perfil dibujado por Ochoa, donde se establecieron las fortalezas y debilidades que analiza el presidente para escoger a quien abandere el PRI, ¿tiene Nuño una trayectoria muy positiva, experimentada y probada en el ejercicio de la administración pública? La meteórica carrera de Nuño en el servicio público elimina la especificidad del requisito de la “trayectoria”, que sí pueden presumir en sus palmarés Meade y Narro. ¿Tienen un proyecto convincente e inteligente para la ciudadanía? Eso falta por aclararse, porque al querer Peña Nieto extender hasta enero la decisión sobre su sucesor, con la exigencia de control y contención que ha pedido a su gabinete para que no alteren sus tiempos, ninguno de los tres puede aún trazar la visión que tiene sobre el país.

Intramuros, Peña Nieto tiene sus propias evaluaciones sobre cómo han trabajado y qué resultados han dado, que debe incorporarse en el capítulo de los atributos. Para él, como lo dijo este miércoles, Nuño logró la culminación de la Reforma Educativa, que fue la iniciativa más aplaudida por todos desde el inicio de su administración en 2012. Los maestros, particularmente en la cuenca del descontento en el sur del país, podrán tener una opinión diferente, pero en términos de resultados ante los ojos del presidente, Nuño cumplió la encomienda. A Meade le podrán echar en cara el gasolinazo y la mediocridad del crecimiento económico, pero en la valoración del presidente, él fue quien rescató al gobierno al entrar el relevo de Videgaray, el verdaderamente responsable que no haya habido el despertar económico prometido, y quien diseñó la liberación de los precios energéticos. Narro no se ve tanto por lo que hace, sino por lo que no pasa: una crisis en el sistema de salud, lo que habla positivamente de su trabajo. De los tres, es el más experimentado en lo político y el de mayor sensibilidad sobre la realidad del país, a decir por los discursos que como rector de la UNAM pronunció.

Ninguno de los tres figura entre los priistas más conocidos, pero la ecuación sucesoria no debe pasar por el tema del conocimiento sino de la variable de

quién sería el más competitivo para ganar. El conocimiento, como dijo el año pasado Peña Nieto, se gana en una campaña presidencial, donde la presencia en medios puede lograr elevar los puntos porcentuales en las encuestas de una manera explosiva. Pero para ganar se requiere incorporar otros factores: ¿quién es el que más cohesiona dentro del PRI? ¿quién es el que más puede sumar fuera del PRI? ¿Quién puede apelar al mayor número de votantes en el segmento de los switchers que son los que modifican el rumbo de una elección? Las variables para la sucesión son amplias, pero recordando las palabras de Ochoa, Peña Nieto ya tiene definida la matriz. Sólo falta que escriba finalmente el nombre.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter: @rivapa

0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para AMLO TRISTE

 

Raymundo Riva Palacio

A lo largo de toda la semana pasada, la preocupación de los asesores de Andrés Manuel López Obrador era en qué momento la investigación de narcopolítica en la Delegación Tláhuac, encabezada por un connotado miembro de su partido, Morena, Rigoberto Salgado, empezará a salpicarlo. La puerta de entrada se encuentra en Tlalpan, a donde se extienden líneas de investigación federales ante la sospecha que dinero de procedencia ilícita que piensan financió la campaña de Salgado, también se inyectó en contiendas como la de Claudia Sheinbaum, a quien López Obrador impulsa como candidata al gobierno de la Ciudad de México. ¿Será Tláhuac el principio de una campaña de descrédito contra López Obrador, en 2018? El tabasqueño ha probado ser inmune a todo tipo de ataques, pero su teflón en algo tan profundo como narco dinero en su partido y en sus campañas, de probarlo la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, ¿podría mantenerlo inmune?

Salgado está políticamente liquidado. Tras su comparecencia en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, no pudo desmentir las imputaciones que se le hicieron salvo asegurar, contra documentos que le mostraron los diputados, que no tenía vinculación con la delincuencia en Tláhuac, donde hace tres semanas un comando de la Marina acabó con la vida del líder del narcomenudeo en el sur de la capital federal, con vinculaciones al Cártel del Pacífico, Felipe de Jesús Pérez Luna. Para Morena se volvió una pieza desechable, donde lo importante es cómo su caso no contamina a Morena y al grupo compacto de López Obrador.

Tláhuac es la bomba de tiempo para Morena. No se volvió un foco rojo de seguridad en los últimos años, ni tampoco emergió como zona de narcomenudeo de manera reciente. Desde los 70s, Tláhuac y una zona del mexiquense Neza, en la zona conurbada al oriente de la Ciudad de México, era donde se adquirían drogas. En aquél entonces era mariguana, y con el paso del tiempo se fue ampliando la oferta a cocaína y drogas sintéticas. A las tienditas y los raves acudían los fines de semana de todas partes de la Ciudad de México todos los grupos socioeconómicos a adquirir sus drogas. Es imposible que Salgado no conociera del tema de tiempo atrás, al haber sido dos veces responsable de la seguridad pública en Tláhuac antes de llegar a delegado. Sus omisiones o comisiones –ya lo determinarán las investigaciones-, le va a provocar la caída política y, eventualmente, hasta la libertad.

Su caso se extiende, cuando menos en el campo de las investigaciones, hasta otras delegaciones morenistas, como Tlalpan, que encabeza la señora Sheinbaum, en cuanto a si dinero criminal fue inyectado a sus campañas. López Obrador ha sido enfático al hablar sobre Tláhuac, para deslindar claramente a Salgado de Morena. No defiende al delegado; busca blindar al partido. Nunca antes había estado tan cerca de ser vinculado él, sus cercanos y su partido, a grupos criminales. Lo más cercano a lo que estuvo expuesto fue en el caso de José Luis Abarca, alcalde de Iguala cuando la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, a quien había apoyado. La prensa ha documentado cómo cuando en la campaña de Abarca le dijeron en Iguala sobre las acusaciones de haber ordenado asesinatos, López Obrador los desoyó. Esa actitud, no querer escuchar para no saber, lo ha marcado en el pasado.

Cuando en la campaña para el gobierno de la Ciudad de México, la entonces presidenta del PRD, Rosario Robles, le dijo que había conseguido que un empresario financiara al partido, López Obrador le respondió que lo arreglara ella pero que él no quería saber nada de eso. Ese empresario era el argentino Carlos Ahumada, que a cambio de ser mecenas de los perredistas e inyectar recursos a sus campañas, incluida la de López Obrador, recibió contratos de obra pública en diversas delegaciones, como Tláhuac.

El dinero de Ahumada siempre fue asociado a ese tipo de intercambios, recursos a campañas recuperados mediante entrega de obra pública, hasta que la investigación de Ayotzinapa abrió una ruta inesperada. Campo Morado, una mina de Ahumada en Tierra Caliente no lejos de Iguala, lo conectaba con un grupo criminal de envergadura, escisión de la Familia Michoacana, encabezado por Jhonny Hurtado Olascoaga, apodado “El Fish”, y autor intelectual de la ola de secuestros que se dieron en Valle de Bravo hace pocos años. Nunca se exploró la posible inyección de dinero criminal al PRD de López Obrador en aquellos años por la vía de Ahumada, como tampoco lo que representaba Abarca para los delincuentes en aquella zona.

López Obrador nunca quiso saber de dónde salían los recursos, aunque era beneficiario de ellos. Ese mismo modus operandi es el que vuelve a aparecer en Tláhuac, donde probablemente, de acuerdo con su actitud de no preguntar lo que no quiere saber, lo tiene en medio de una investigación federal de gran calado. López Obrador no es deshonesto ni se vive jugando fuera de la ley. Pero la manera negligente con la que trata los asuntos de financiamiento político, lo hacen responsable de sus consecuencias. El no ser culpable de cometer o solapar delitos, no lo llevan a puerto seguro. La preocupación de sus asesores sobre cómo puede quedar involucrado él y su equipo compacto en el caso Tlahuac, debe convertirse en una estrategia sólida y convincente para evitar que su barco presidencial empiece a naufragar antes, incluso, de salir a la mar.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter: @rivapa

0
0
0
s2smodern

 

Raymundo Riva Palacio

En el gabinete, la convención generalizada es que el presidente Enrique Peña Nieto tiene listas las cartas de dos colaboradores para la candidatura presidencial. Arriba, el secretario de Educación, Aurelio Nuño, de quien mejor se expresa de todo el gabinete, y luego el secretario de Hacienda, José Antonio Meade. Están tan lejos de todos en el ánimo presidencial, particularmente Nuño, que hay aspirantes como Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, que admite en privado que no hay mucho que hacer ya, aunque no por ello deja de buscar que sea él a quien designe el presidente y unja el PRI. La Asamblea Nacional del PRI que comenzó este miércoles y terminará el sábado, quiere darle a Peña Nieto todos los instrumentos para que sus deseos se cumplan y elimine los obstáculos que puedan al elegir a su sucesor.

La Asamblea pretende limar todas las aristas para facilitar la eventual candidatura de Nuño o Meade. De ahí viene la relevancia que se le ha asignado a la Mesa de Estatutos en Campeche, donde si bien el candado de fidelidad partidista que obliga una militancia de cuando menos 10 años a quien aspire la candidatura presidencial no afecta a Nuño, cuyo carnet priista data de 2004, se ha vuelto un condicionamiento casi de veto para Meade. El secretario de Hacienda podría contender por la Presidencia con los colores del PRI, siempre y cuando vaya en alianza con otro partido, y que fuera propuesto por ese partido al cual se sumaría el PRI. Aunque esto ya se vio en Chiapas, con el gobernador Manuel Velasco del Partido Verde, se ve difícil que el PRI  procese a Meade como su candidato presidencial, al tener que ceder el partido tendría la candidatura a otra franquicia.

Nuño y Meade son vistos dentro del gabinete y en otros círculos políticos, como los alfiles de Peña Nieto. Nuño, que llegó al gobierno peñista empujado por el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, se fue ganando la confianza del presidente por los resultados que le dio y un enorme cariño, al ver reflejado en él su camino hacia la cima del poder, explicaron personas que los conocen. Meade, el único miembro del gabinete al que le tiene respeto profesional Videgaray, fue conquistando gradualmente la confianza del presidente, por su trabajo y convertirse en uno de los pocos funcionarios en su entorno que le aportan la información y la cosmogonía de la que el presidente, un mexiquense típico, carece.

Los dos precandidatos del Presidente tienen a un solo rival de peligro, el secretario Osorio Chong, mañoso y perverso, buen conocedor de las plomerías de la política mexicana, como experimentaron Nuño con el conflicto magisterial hace poco más de dos años, cuando lo excluyó toscamente de las negociaciones, y el propio Meade en diciembre y enero, cuando lo dejó lidiando en solitario con las consecuencias políticas y sociales del gasolinazo. Osorio Chong, sin embargo, es el priista mejor colocado en las encuestas donde se evalúan a los aspirantes. La última pública, levantada en la penúltima semana por De las Heras Demotecnia, la casa encuestadora de cabecera del PRI, publicada en Uno TV, coloca al secretario de Gobernación como el priista al que mejor le iría en la elección presidencial, bajo cualquier escenario.

Por ejemplo, en una competencia con la panista Margarita Zavala, y contra el morenista Andrés Manuel López Obrador, Osorio Chong se quedaría un punto debajo de ellos, con 25% del voto, que están empatados con 26%. Meade alcanzaría en esa misma fórmula 21% del voto, contra 27% de Zavala y López Obrador. Nuño, en cambio, es el que tiene el peor comportamiento de los siete aspirantes priistas medidos, al obtener 20% del voto, siete puntos debajo de sus rivales. Si la variable panista cambia a Ricardo Anaya como candidato, Osorio Chong quedaría en segundo lugar con 25%, debajo de López Obrador con 28% del voto, pero arriba cuatro puntos de Anaya. Meade, que se desplomaría al sexto lugar entre los priistas, empataría con Anaya con 22% del voto, pero se quedaría a nueve puntos de López Obrador. Nuño, una vez más en el último escalafón priista, alcanzaría 18% del voto, contra 20% de Anaya y 28% de López Obrador.

En todos los careos realizados, Nuño apareció en el último lugar de los priistas, mientras que Meade sólo sale del sótano cuando aparece en la boleta Miguel Ángel Mancera, por la alianza PRD-PAN, con quien empata en 22% del voto, pero quedando ambos a ocho puntos de López Obrador. Los alfiles de Peña Nieto están cojos, pero ni siquiera con Osorio Chong el PRI tiene un candidato ganador, según esta última encuesta. De hecho, si sólo se mide la preferencia partidista, el PRI pierde en cualquier escenario. Estos datos, paradójicamente, no favorecen al secretario de Gobernación. Si aún con él no hay posibilidades reales de victoria, entonces Peña Nieto puede optar por cualquiera de sus alfiles, y jugar la apuesta de construir un candidato ganador.

No obstante, para poder hacerlo y tener una candidatura cohesionada, necesita el apoyo de todo el PRI que lo respalde. Con el PRI es difícil que mantenga la Presidencia, pero sin él, definitivamente no hay posibilidad alguna de entrar siquiera en competencia. La Asamblea Nacional del partido, entonces, tiene un significado diferente bajo este prisma, la necesidad de Peña Nieto de legitimar la decisión, cualquiera que sea, sobre su sucesor, para luchar por mantener el poder.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter: @rivapa

0
0
0
s2smodern

Resultado de imagen para FRENTE AMPLIO MEXICO

#LosPuntossobrelasíes

El eje de tres de los cuatro partidos insignia del sistema se instala en definir el perfil de quien pueda tener la posibilidad de frenar en las urnas a quien ya tiene dos candidaturas presidenciales en su haber


 
Aunque los partidos todavía viven los estira y afloja de sus reglas del juego 2018 y nadie, salvo Morena, tiene a su candidato definido, el frente ya está bautizado.

Se llama Todos Unidos Contra el Peje (Tucope) y la dimensión de su multipartidismo refrenda que el hombre a derrotar es Andrés Manuel López Obrador.

El eje de tres de los cuatro partidos insignia del sistema se instala en definir el perfil de quien pueda tener la posibilidad de frenar en las urnas a quien ya tiene dos candidaturas presidenciales en su haber.

Y la fotografía del fin de semana exhibe dónde se ubican los miedos, dónde las ambiciones y dónde los asaltos al poder.

Porque mientras López Obrador se va de gira a Chile y a Ecuador, en donde sus mandatarios le dan bienvenida de jefe de Estado, en México los jaloneos internos obligan a cada partido a reagrupar sus fuerzas.

Sin duda la noticia de la semana fue la convocatoria de Javier Corral en Chihuahua para concretar las reglas y los integrantes del Frente Amplio Opositor (FAO).

Con figuras de la talla de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ricardo Anaya, Miguel Ángel Mancera y Graco Ramírez, la propuesta del FAO luce como lo más serio concebido hasta ahora.

El problema es que esta amalgama PAN-PRD no tiene el apoyo ni de todos los panistas, ni de todos los perredistas.

Margarita Zavala, la puntera en las encuestas por el PAN, no aparece en la foto. Y aunque Miguel Ángel Mancera asome las siglas del PRD, otros grandes líderes del Sol Azteca no comulgan con este frente.

El PRI, por su lado, vive su semana más crucial de preparativos rumbo al 2018, cuando su presidente Enrique Ochoa Reza mida fuerzas con la disidencia interna que busca ponerle fin al “dedazo”.

Sin un candidato evidente que con la bendición presidencial desafíe a López Obrador, las fuerzas se inclinan a abrir candados para que alguien, desde José Antonio Meade hasta un potencial Caballo Negro que todavía no aparece en la foto, se instalen al frente de la fórmula tricolor.

Pero el ejercicio de la Asamblea Nacional del PRI del próximo sábado pronostica la confrontación de dos fuerzas.

En una esquina los que despachan desde adentro de Los Pinos o los Tucope (Todos Unidos con Peña). Y en la otra, los que ya despacharon, pero quieren volver a Los Pinos. 

A ellos  también se les conoce como los Tucope (Todos Unidos contra Peña) o, Tucopete (Todos Unidos contra el Copete).

Y en este juego Movimiento Ciudadano, el Partido Verde y el Panal, se saben codiciados, pero a menos de un año de la próxima elección tampoco logran definir rumbo.

Por eso el ejercicio en curso tiene el nombre de Tucope (Todos Unidos contra el Peje). Porque la fórmula que se busca es la que concrete lo que sea necesario, no buscando que alguien llegue, sino para que alguien no llegue. 

Por lo pronto los silencios de Morena en torno a Venezuela y al Rey del Mazapán como su precandidato en Jalisco, tienen que ser aclaradas para no alimentar al Tucope.

 
 
CEL