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Escribe: Capodecina

 

 

ØLa BUAP gobernada por delincuentes 

 

ØLa Facultad de Derecho en manos de criminales

 

 

¿Qué pensaría Usted si un día un par de ladrones entran a su casa, le roban sus pertenencias, son encontrados culpables después de haberlos denunciado, y unos meses después se encuentra a los mismos ladrones dirigiendo el Departamento de Policía? Seguramente se sorprendería y se sentiría indignado y frustrado, Pues bien, eso es exactamente lo que ocurre en la BUAP, donde un par de delincuentes, juzgados por la propia autoridad universitaria, reaparecieron después de unos meses como funcionarios universitarios. Se trata del matrimonio de Roberto Carlos Gallardo y Ana Toledo, mejor conocidos como “Los Bonnie & Clyde” de la BUAP, quienes desde hace años han trabajado para la mafia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, extorsionando a estudiantes de posgrado, manejando discrecionalmente los recursos de la Facultad —lo que en otras latitudes se conocería como lavado de dinero—, maquillando las cuentas de la Facultad para ocultar los muchos desfalcos que padece, entre otras tareas sucias de plomería y hojalatería.

 

Considerando que la corrupción permea hasta el último resquicio de la BUAP, empezando por Rectoría, donde el robadero alcanza cifras escandalosas (como lo aprendieron muy bien celebres exrectores maestros del trinquete, como Enrique Agüera y Enrique Doger, escuela de ladrones del actual rector José Alfonso Esparza, quien fuera ni más ni menos que el flamante Tesorero General de su patrón Agüera, o sea, el plomero de turno), el caso de los Bonnie & Clyde de la BUAP pasaría inadvertido entre tanta mugre. Sin embargo, resulta que ambos funcionarios de la Facultad de Derecho —funcionarios de quinta, claro está—  fueron descubiertos con las manos en la masa, es decir, fueron denunciados, juzgados, encontrados culpables y corridos de la Facultad por múltiples actos de corrupción junto con el malogrado ex Director de la Facultad de Derecho, Carlos Moreno, mejor conocido como “El Napoleoncito”, despedido por peculado y desfalco a la BUAP por el mismísimo Rector, pero otorgándole a cambio un jugoso finiquito y pensión, pues entre criminales podrán odiarse pero la compra de silencio siempre tiene un precio, bajo la lógica de “todos tienen cola que les pisen” o de “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”.

 

Entre las muchas fechorías que Los Bonnie & Clyde de Puebla York realizaban para El Napoleoncito, y antes para “El Padrino”, Guillermo Nares Rodríguez, capo de capos de la Facultad de Derecho, destacaba la extorción a los estudiantes de posgrado, a quienes les “solicitaban” una tercera parte de sus becas de CONACYT, primero para tener acceso a ellas y luego para conservarlas, bajo la amenaza de que ellos controlaban a su antojo la asignación de las mismas. Este asunto tuvo gran resonancia, pues varios estudiantes de posgrado decidieron denunciar la extorción de la que eran objeto por parte de estos delincuentes ante las instancias legales correspondientes de la BUAP, lo que constituyó una de las causales que junto con otros hechos demostrados de corrupción provocaron la caída de “El Napoleoncito” y sus secuaces, como Los Bonnie & Clyde.

 

Además, estos delincuentes profesionales desempeñaban una labor estratégica para la mafia de la Facultad, pues eran el vehículo para sobornar a las instancias responsables de calificar la calidad de los programas de licenciatura y posgrado de la Facultad, ya sea del Conacyt o de otras agencias evaluadoras. Asimismo, eran los responsables de asignar discrecionalmente a conveniencia de las autoridades de turno los recursos asignados a los investigadores por instancias como PRODEP, PIFI y muchas otras, con su respectiva mochada. Y, por si fuera poco, esta parejita de románticos criminales era la responsable de maquillar el manejo de los recursos de la Facultad para encubrir todo tipo de desfalcos y peculados. Por todo ello, dada la voracidad de los mafiosos que controlan la Facultad, Los Bonnie & Clyde se volvieron indispensables, cosa que ellos sabían perfectamente, por lo que obtuvieron privilegios de todo tipo. Así, por ejemplo, al tiempo que eran estudiantes del Doctorado en Derecho eran ellos los que palomeaban la planta de sus propios maestros, en un juego recíproco de apoyos que les permitía acreditar sus materias sin asistir a los cursos; siendo estudiantes del Doctorado en Derecho eran ellos los que asignaban las becas de los estudiantes, incluidas las de ellos mismos. Por otra parte, el Clyde del dúo dinámico se tituló de Doctorado con un jurado conformado por él mismo y que, como era lógico, le concedió el grado con honores. De este tamaño son las transas en la Facultad. Hoy se sabe que la parejita posee varias propiedades y vehículos, y que se dan vida de reyes con un raquítico ingreso de funcionarios de quinto nivel.

 

En suma, por haberse vuelto indispensables para la transa, más tardaron en echar a los Bonnie & Clyde de la Facultad después de que fueron encontrados culpables en la administración pasada, que para reposicionarlos como funcionarios en la actual administración, a cargo del infumable Director Roberto Santacruz, mejor conocido como “El Calígula”, no sólo por vulgar y naco sino por su enfermiza obsesión con el poder. Así las cosas, la Facultad ha vuelto a ser lo que siempre ha sido, o mejor, nunca dejó de ser, o sea, una escuela de ladrones, gobernada por ladrones y administrada por ladrones, igual que una cárcel mexicana.

 

Impuesto por el Rector a cambio se asegurar estabilidad y proveer de la tradicional “mochada” que la Facultad de Derecho siempre ha provisto a la Rectoría, a El Calígula se le ha concedido luz verde para volver a desfalcar a la Facultad y rodearse de los delincuentes profesionales que requiera para ello. De ahí precisamente, el reingreso de Los Bonnie & Clyde a la Facultad, bajo la mirada atónita y el repudio generalizado de propios y extraños. En verdad que resulta frustrante, por decir lo menos, que estos delincuentes tengan licencia para seguir delinquiendo y saqueando a la Facultad, gracias al cinismo e hipocresía con la que suele moverse El Calígula y la “ceguera” cómplice de Rectoría. ¡A robar y extorsionar que la BUAP se va a acabar!

 

 

 

CON V DE VENDETTA

 

 

CEL