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La pelea de box, el grito y lo que hicieron ‘ellos’ en el verano del 74

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Escribe Tonny Soprano

 

Mi amigo el pianista quiso que fuéramos a su casa a dar el grito.

Llamé a unas amiguitas y todos nos pusimos de acuerdo para ir a la gorra.

Al llegar a la casa estaban unos guaruras que nos había enviado mi general Chucho M, (mejor conocido como el jefe Gorgory de por estos rumbos) y que nos sirvieron de valet parking

Yo llevaba un habano enorme en la boca y sonreía como si la pelea del Canelo con el tal golovkin me emocionará realmente.

En la reunión había de todo, políticos, empresarios, morenos, prietos y panuchos de doble y hasta triple moral.

Como suele suceder en estos casos los asistentes llevaban a sus novias oficiales, yo, conocía a más de una y cada vez que podía les tocaba el culo y solo me  decían  “ay, Tony” ahí está mi marido.

¡Qué miedo! les respondía

Una edecán de no malas tetas me dijo: Dice el pianista que usted tiene mesa especial, la jalé  del talle y le dije mis mejores versos seductores.

La belleza se sonrojó y se quedó callada.

La pelea iba a empezar

El público aullaba como si estuviera en Las Vegas.

Varios funcionarios se acercaron a saludarme y a pedirme la ridícula selfie.

“¡Diviértanme, perros!”, gritó un panista

¡Cállate pinche lame yemas del 01!, gritó uno de MORENA

El “cara de chile” sonreía con una botella de bacardi y una orden monumental  de tortillas remojadas en salsa roja y que por estos lugares les llaman: chalupitas

La pelea acabó, perdió el mejor y ganó el tal: Canelo

De pronto: el pianista  nos envió unos cien gramos de un polvo blanco.

 “Es de la buena” –le dije a una gordibuena que ya estaba sentada en mis muslos-

Los dos aspiramos como adolescentes.

“Me siento como en casa” le dije al pianista,  quien ya llevaba más de media botella de wisky.

Balbuceando me dijo: Mi Tonny, te voy a contar una historia, una historia que sucedió cuando yo era alumno del Humboldt.

-¿De quién se trata? –le pregunté intrigado-

-De ellos, tú me entiendes.

-Entiendo perfecto, soy todo oídos.

 yo aspiré una línea y bebí un sorbo de wisky. El Pianista comenzó su relato-

Ella era una niña inteligente y muy guapa, tendría escasos 14 años y unos ojos azulados que despertaban la envidia de todas sus compañeras.  Él era y aun es un Don Juan, desde pequeños hicieron clic y es apenas un par de años mayor que ella.

Su noviazgo en el colegio fue sabido por pocos.

De pronto ella dejo de ir a la escuela, muchos dijeron que ya no le alcanzó a su familia para la colegiatura y otros que se fue a estudiar a Canadá.

Lo cierto es que había resultado embarazada y había que ocultarlo.

El pianista detuvo su relato y es que a la fiesta había llegado su inseparable amigo “El Hijo del Santo”

Yo aproveché y busqué a la  edecán que me había recibido, la encontré por los baños e iba saliendo del baño con el hermano del pianista.

-¡Qué asco, pensé!

El “Serch” hermano del pianista y quien además  es propietario de uno de los edificios en donde el Castaño concentró el nido de espionaje, me pidió sentarse en mi mesa.

-Mi Tonny quisiera brindar contigo.

- Salud -le dije-

-Medio escuché lo que mi hermano te contaba, la historia es maravillosa: Ella y Él jamás imaginaron lo que la vida les depararía, quizás ocultar ese embarazo es su único error, pero en fin, hoy la vida les sonríe y su futuro es luminoso.

De pronto la edecán me hizo un guiño, la seguí hasta atrás de unos arbolitos, desesperada puso sus rodillas en el pasto y me practicó un felatio que me hizo gritar: Viva México Cabrones.

 

Mi cuenta en tuiter: @soprano_tonny

Periodismo ficción

 

 

 

 

 

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