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Escribe: Tonny Soprano

 

Un periodista me habló para para preguntarme si conocía al  “Durazo poblano”.

-¿Durazo poblano?

-¡Sí, Tonny, “Durazo poblano”! –me dijo-

-¿Te refieres al tipo con cara de hampón que maneja La liga  del Crimen Organizado en San Andrés Cholula?

-Ése merengues- respondió-

-Lo conocí hace años en la hermandad, siempre rodeado de sus guaruras.

-Necesito que me contactes con él para brindarle todo el apoyo y poner mi pluma a su servicio, será nombrado Embajador del Crimen en Puebla Capital.

-Okei, apunta su número y dile que hablas de mi parte, si te pide una clave solo responde: “traigo puesta la de la franja”

-Okei, Tonny. Lo busco ahora mismo.

A la par busqué a mi viejo amigo y cómplice de mil marranadas.

Nos quedamos de ver en un viejo casino de Angelópolis.

Llegué al lugar. Veinte guaruras resguardaban el sitio. Uno de ellos me condujo ante su jefe. Tres prostitutas que apenas rebasaban los 18 años lo acompañaban.

El ridículo y típico abrazo de caguamo de los poblanos fue inevitable.

-Mi Tonny donde te metes, carajos.

-La pregunta sería ¿qué nos vamos a meter?

Me senté. Y sin rodeos le dije: Se rumora que es cuestión de horas para que te nombren como sustituto del ineficiente de Patan-tizo.

El Durazo poblano, sonrió, bebió de su whisky y me dijo.

“La pinche vida me ha colocado de nuevo en la cima, yo, solo me dejo querer”

El Durazo me abrazó, extendió sobre la mesa un poco de polvo que había decomisado en los antros de San Andrés y me invitó.

Las prostitutas empezaron a hacer su trabajo en mi entrepierna.

Un asistente se acercó a él y le dio un sobre con billetes de baja denominación.

-Es lo de los Jrs. ¡¡Que van a cerrar de nuevo cumulo de virgo!!

Alcé la vista y distinguí que el equipo de Durazo  era temible, la mayoría de los integrantes se habían visto  involucrados en acciones corruptas e ilícitas de todo tipo como torturas, extorsión y una que otra violación, al grado que esa corporación era respetada hasta por los de la última letra.

-Voy a devolverle la tranquilidad a los poblanos y le llenaré los bolsillos a Luigi bank. –decía-

Ambos alzamos nuestros polvos y dijimos: salud.

Una llamada entró a mi celular.

Era Patan-tizo

Decidí no contestarle y es que no acostumbró hablar con cadáveres.

Aspiré, bebí wisky y al final me fui con una prostituta…

 

 

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Periodismo ficción

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