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*Dr. Julián Germán Molina Carrillo.

 

En México, existe una delgada línea entre los derechos de libertad de expresión de los particulares y la trasgresión a los principios rectores del sistema político electoral, del modelo de comunicación política y el principio de equidad en la contienda electoral.

Lo anterior, aun cuando conforme con lo dispuesto en el artículo 41 constitucional, es muy claro en este sentido, puesto que señala que, los partidos políticos, candidatos y precandidatos a cargos de representación popular tienen derecho de acceso a radio y televisión para difundir su propaganda política y electoral, única y exclusivamente en el tiempo del Estado, del cual es administrador único el INE; por tanto, también se establece literalmente, en el numeral citado, que “ninguna otra persona física o moral, sea a título propio o por cuenta de terceros, podrá contratar propaganda en radio y televisión dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de partidos políticos o de candidatos a cargos de elección popular.

Es decir, aunque el artículo 6o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce con el carácter de derecho fundamental a la libertad de expresión e información, así como el deber del Estado de garantizarla, derecho que a la vez se consagra en los numerales 19, párrafo 2, del Pacto Internacional de Derechos Políticos y Civiles y 13, párrafo 1, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, disposiciones integradas al orden jurídico nacional en términos de lo dispuesto por el artículo 133 del propio ordenamiento.

Sin embargo, el ejercicio de dicha libertad no es absoluto, encuentra límites en cuestiones de carácter objetivo, relacionadas con determinados aspectos de seguridad nacional, orden público o salud pública, al igual que otros de carácter subjetivo o intrínseco de la persona, vinculados principalmente con la dignidad o la reputación.

Por ello, como particular puedes expresarte conforme a tu libre pensar como lo salvaguarda el precepto legal señalado, sin embargo el límite lo encuentra en la salvaguarda de los principios rectores del sistema electoral, puesto que no está permitido a los particulares, mucho menos en tiempos electorales, promocionar o invitar a decantarse por alguna de las opciones que nos brinda el proceso electoral.

Pues bien ante éste recoveco de estar en uso de la libertad de expresión o trasgredir la normativa electoral, la Asociación Civil Mexicanos Primero Visión 2030, intento aprovecharla con el promocional denominado “Y si los niños fueran candidatos, transmitido en radio, televisión, YouTube, salas de cine y en el portal de internet, donde claramente realizaban una invitación a pensar el voto en favor de una opción que fuera coincidente con la idea de transformación educativa, donde además utilizaban a cinco menores para representar a los candidatos hasta ese momento registrados ante el INE para contender por la Presidente de la República.

Promocional que claramente era violatorio del citado artículo 41 Constitucional, así como de lo establecido en los artículos 447 y 471 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, así como de los artículos 14, 15 y 16 del Reglamento de Quejas y Denuncias del INE.

No cabe duda que aunque la mayoría de los mexicanos buscamos constantemente que las normas jurídicas que rigen nuestra democracia, se encarguen de garantizar una competencia equitativa entre los contendientes y que además haga posible, un cabal ejercicio del derecho de sufragio, siempre habrá quien busque seguir sacando beneficio de estos recovecos normativos para beneficio de unos cuantos, ¡Ya basta señores! ¡Los mexicanos exigimos respeto a nuestro derecho de decisión y de participación ciudadana, libre de cualquier tipo de coacción! o manipulación del electorado que atente en contra de ese derecho.

Hoy más que nunca, nuestro país cuenta con una población más informada y que tiene la capacidad de tomar la mejor decisión para emitir su voto.

 

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*Dr. Julián Germán Molina Carrillo.

 

En el momento en que desapareció la Unión Soviética por su incapacidad para resolver los problemas económicos y sociales más elementales; cuando (por los mismos motivos) China Popular se transformó en un régimen capitalista autoritario, y cuando muchos creíamos, que la desaparición del comunismo reforzaría la democracia liberal y la extendería por el mundo, surgió el enemigo principal de la democracia liberal, el populismo

El populismo es considerado como una adulteración de la democracia. Lo que el populista busca (al menos esa ha sido la experiencia latinoamericana) es establecer un vínculo directo con el pueblo, por encima, al margen o en contra de las instituciones, las libertades y las leyes. La iniciativa no parte del pueblo, sino del líder carismático que define al mismo, como una amalgama social opuesta al "no pueblo". El líder es el agente primordial del populismo. No hay populismo sin la figura del personaje providencial que supuestamente resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. Por cierto, Aristóteles consideraba que la democracia cuando cae en demagogia o populismo, se convierte en el peor sistema de gobierno.

En América latina, gobiernos como los de Rafael Correa en Ecuador, el comandante Daniel Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia se jactan de ser antiimperialistas y socialistas, pero, en verdad, son la encarnación misma del populismo. Los tres se cuidan mucho de aplicar las recetas comunistas de nacionalizaciones masivas, colectivismo y estatismo económicos, pues, con mejor olfato que el iletrado Nicolás Maduro, saben el desastre a que conducen esas políticas. Apoyan de viva voz a Cuba y Venezuela, pero no las imitan. Practican, más bien, el mercantilismo de Putin (es decir, el capitalismo corrupto de los compinches), estableciendo alianzas mafiosas con empresarios serviles, a los que favorecen con privilegios y monopolios, siempre y cuando sean sumisos al poder y paguen las comisiones adecuadas.

Todos ellos consideran, que la prensa libre es el peor enemigo del progreso y han establecido sistemas de control, directo o indirecto, para sojuzgarla. En esto, Rafael Correa fue más lejos que nadie: aprobó la ley de prensa más antidemocrática de la historia de América latina.

Pues bien, el proceso electoral 2018 coloca a los mexicanos ante la disyuntiva de elegir un modelo populista (AMLO) o castigar al neoliberalismo, modelo económico que desde mediados de los setenta ha privilegiado al mercado sobre las capacidades de los Estados nacionales; que ha sido permisivo con los sistemas financieros, ha prohijado la codicia y la avaricia empresarial y ha sometido a las poblaciones al deterioro de sus condiciones de vida, y al cual culpamos de la crisis económica, social y de seguridad nacional que vivimos desde entonces.

Situación más complicada no podía existir ante un proceso electoral en el que están en juego: la Presidencia de la República, 128 senadurías, 500 diputaciones y 2,818 cargos más de elección popular.

Lamentablemente, el ciudadano no cuenta con el suficiente apoyo de sus autoridades electorales ni mucho menos con la información suficiente para poder tomar una determinación tan importante como a la que se enfrenta, tan solo hay que observar el actuar de las autoridades electorales, donde lejos de fortalecer los principio de certeza y legalidad con su actuar y sus resoluciones, para blindar el proceso electoral, las autoridades electorales (INE, TEPJF, FEPADE) han dejado mucho que desear, con sus actos y resoluciones sobre las candidaturas independientes

A todo esto, súmele lo que bien a señalado el Dr. Flavio Galván, que en este país la realidad política es lamentable, puesto que nuestro entorno político electoral está lleno de promocionales generalmente sin contenido, que insultan la inteligencia, pensados por los expertos en mercadotecnia, con el único fin de colocar un producto político en el mercado de la política rampante, trepadora, que nos aleja del auténtico sistema democrático, para sumergirnos en la demagogia, en el populismo.

Por ello, tenemos la obligación como mexicanos y como responsables directos del instrumento democrático más importante (el voto), de reflexionarlo, y tener mucho cuidado en determinar qué futuro queremos, para nosotros y las nuevas generaciones; el futuro está a la vuelta de una hoja de la agenda diaria; y para apoyar esa reflexión cito una reflexión realizada por Émile Durkheim: “El socialismo fue el “grito de dolor” de la sociedad moderna. El populismo es, entonces, el “grito de dolor” de la democracia moderna y representativa”. “El populismo es un acontecimiento inevitable en regímenes que se adhieren a los principios democráticos pero en donde, en efecto, la gente no gobierna”.

 

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“LA DEBACLE DEL SISTEMA DE PARTIDOS EN 2018.”

 

*Dr. Julián Germán Molina Carrillo.

 

Es casi imposible encontrar un sistema político, en el que la opinión pública no dude de la conveniencia del sistema electoral vigente. El sistema electoral se encuentra de alguna manera en debate continuo en todos los países. Nunca se termina en definitiva. Existe incluso una necesidad de retomar el tema de vez en cuando, dado que en ocasiones la opinión pública pierde la memoria en cuanto a las características y a las conveniencias del sistema vigente. Sin embargo, hay que diferenciar entre situaciones digamos normales, en las que, animado por la academia y a través del examen comparativo con sus alternativas, el sistema electoral vigente se reafirma conscientemente, y otras en las que el sistema electoral sigue siendo un tema de discrepancia y conflicto continuos.

En México el aspecto electoral ha sido motivo de fuertes brotes de ingobernabilidad, la discusión y consenso entre los partidos está suspendido y parece bastante lejano el momento en que se rompa con la inercia de los intereses partidistas y las descalificaciones a priori en búsqueda de una solución legislativa acorde a las necesidad de la evolución social que se ha dado a nivel interno.

La política partidista enfrenta un irreversible grado de descomposición al ser arrasadas las ideologías por el pragmatismo y la búsqueda del poder por el poder, dejando en último término el análisis y debate de los grandes problemas nacionales, así como la voz de la sociedad.

Lo anterior, debido al actuar de las instituciones partidistas que, lejos de ser un auténtico puente entre ciudadanos y Estado, puesto que se consideran entidades de interés público debido a que hacen posible o facilitan que los ciudadanos participen en la vida democrática, integren la representación nacional y accedan al poder político. Han involucionado en una herramienta en manos de una clase social, fracción de clase, estrato o simple grupo con intereses económicos y políticos comunes, cuyo propósito central es la conquista del poder político.

Esta disfuncionalidad del sistema partidista mexicano se encuentra presente y más arraigada que nunca a nuestro sistema electoral, el PRI, se encuentra inmerso una crisis verdaderamente impensable para la figura hegemónica que representó en la historia de nuestro país, con un altísimo nivel de rechazo y repudio por parte del electorado, gracias al cumulo de acontecimientos políticos, económicos y sociales que han afectado el tejido social y a la ciudadanía, que lo responsabilizan directamente.

 

Por otra parte, su antagónico, el PAN, partido considerado grande dentro de nuestro sistema, también se encuentra inmerso en una crisis de credibilidad y autenticidad ideológica causada por ese “proceso de selección de candidato”, a todas luces viciado, y que culminó con la imposición de un candidato con el que la mayoría no coincidía, trayendo consigo fracturas posiblemente difíciles de recomponer y que hoy lo hacen ver como una opción completamente antidemocrática.

El Partido de la Revolución Democrática creo está viviendo el ocaso de su fin como ideología de oposición. Su representación ha ido declinando, carecen de credibilidad al grado de haber terminado en alianza con el PAN, lo que muchos ven como contra natura; izquierda y derecha juntos solo se ve en México, razón por la que los pocos izquierdistas que quedan se han movido hacia MORENA o a otras fuerzas. Su opción dicen diferentes analistas, será convertirse en una fuerza marginal con influencia casi nula, o desaparecer.

Por otra parte, MORENA en algún momento, parecía ser la última opción para implementar una reforma política de gran calado que lanzara a la política mexicana a otra dimensión, sin embargo, esa simbiosis sospechosa con gente del PRI, está por terminar con esa ilusión.

A pesar de todo lo anterior, muy a lo lejos se ve una pequeña esperanza, porque como Samuel Schmidt, coincido que el sistema partidista mexicano se encuentra en esta elección, con la oportunidad para implementar una reingeniería partidista y política profunda. El reto consiste en que el triunfador del proceso electoral tenga la suficiente audacia e inteligencia para entender esa gran posibilidad.

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“EL SISTEMA DE PARTIDOS Y SUS VICIOS.”

 

*Dr. Julián Germán Molina Carrillo.

 

El surgimiento de los partidos como actores en el escenario político está íntimamente vinculado con el desarrollo del parlamentarismo como forma de gobierno. Es con las primeras asambleas parlamentarias que se inició la formación de grupos de diputados unidos por su afinidad ideológica; como cada uno de ellos contaba con simpatizantes y activistas que actuaban en sus respectivas circunscripciones electorales, se produjo la unificación de los comités de campaña en concordancia con la reunión de los diputados en grupos parlamentarios. Así, el aglutinamiento de un determinado número de miembros de la asamblea correspondía al agrupamiento de sus respectivos seguidores, que empezaron a formar organizaciones políticas estables.

A principios del siglo XX los partidos empiezan a cobrar vida en el mundo del derecho, aunque no por su carácter de organizaciones políticas sino, particularmente por su representación parlamentaria. Más adelante los partidos se convirtieron en una realidad en los sistemas políticos contemporáneos, actuando en conjunción con otros partidos políticos y con los elementos económico, político, social y cultural que conforman una democracia. Estas relaciones dan como resultado un esquema específico de actuación de los partidos en el marco político-social, al que se denomina sistema de partidos.

Un sistema de partidos puede definirse como el conjunto de interacciones derivadas de la competencia entre partidos, así como las relaciones y dinámica que se presentan entre ellos en un Estado determinado. Aunque es importante aclarar que la noción de sistema de partidos no se refiere al régimen legal que se aplica a los mismos en un Estado determinado, ni tampoco a la organización interna de los partidos.

Pues bien, entender que dicho sistema partidario en nuestro país, enfrenta una crisis fundamentada en el pragmatismo utilitario-electoral, que ellos mismos han provocado, al insistir en ganar votos, (sin importar la forma), y con ellos obtener cargos y posiciones, al margen de principios, programas y proyectos, hoy en día es una triste realidad.

Todo lo anterior, ha dado como consecuencia una falta de representatividad casi total, y si no, se ha preguntado usted, porque se han visto en la necesidad de postular candidatos que no tienen militancia dentro de sus partidos, o hasta actores o cantantes que puedan representarles votos que su ideología partidista no les garantiza, sin duda, esto es resultado de sus oligarquías, su electoralismo, su dependencia del Estado, su orientación ideológica difusa, así como su incapacidad para transformar el orden establecido en los ideales prometidos en la mayoría de sus documentos básicos, que ofrecían beneficios para el conjunto social que pretenden representar.

Todos ellos se han olvidado de que son los actores políticos más importantes, en un régimen democrático y de que no sólo funcionan como instrumentos para postular a los ciudadanos en las elecciones, también sirven como mediadores entre el gobierno y los ciudadanos, agregan y ordenan intereses de la sociedad, y definen el debate político predominante en un Estado.

Por lo que conculcar que la existencia de uno que otro partido político en nuestro sistema electoral sale sobrando, en razón de su actuar como simples complementos, y que en el mejor de los casos sumaran su magro apoyo a alguno de los grandes, con la esperanza de crecer, en realidad contribuyen poco a la agenda nacional y sobre todo a la construcción democrática que se pretende en México.

Los problemas de la democracia se solucionan con mejores partidos no con outsiders, con política de mejor calidad, no con antipolítica. De ahí la importancia de recuperar la credibilidad en la política, de hacerla más transparente, de volverla más eficaz, de acercarla a la ética, pero sobre todas las cosas, de reconectarla con la gente.

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“LA CRISIS DE CREDIBILIDAD DEL INE Y EL TEPJF”

 

*Dr. Julián Germán Molina Carrillo.

 

Ni duda cabe, que las autoridades electorales se encuentran en su peor momento en cuanto a su falta de credibilidad y confianza a nivel nacional, justo ahora, cuando estamos inmersos en un proceso electoral trascendental para México.

Y es que lejos de fortalecer los principio de certeza y legalidad con su actuar y sus resoluciones, para blindar el proceso electoral, las autoridades electorales (INE, TEPJF, FEPADE) han dejado mucho que desear, con sus actos y resoluciones sobre las candidaturas independientes.

Como todos lo sabemos los candidatos independientes que aspiraran a la presidencia de la republica debían reunir el apoyo de 866 mil 593 ciudadanos, el 1 por ciento del total de los inscritos en la lista nominal de electores (86 millones 659 mil 234) al 31 de agosto de 2017, en un mínimo de 17 entidades, para lo que el INE determinó, según con el objetivo de “facilitar” la tarea de los aspirantes, mediante su Acuerdo INE/CG387/2017 los Lineamientos para la Verificación del Porcentaje de Apoyo requerido, en el cual estableció una aplicación (app) para que los auxiliares de los aspirantes, con el uso de un teléfono móvil, pudieran tomar fotografía del ciudadano dispuesto a apoyar, de su credencial para votar, además de obtener su firma.

Los anteriores datos, deberían ser enviados, por el auxiliar del aspirante, a un servidor central del INE, para su registro, almacenamiento, acuse de recibo, revisión inmediata y observaciones, si los datos enviados no fueran los requeridos, permitiendo su rápida y oportuna aclaración, rectificación o sustitución.

Pues bien, esta supuesta ayuda, terminó siendo la tumba de las aspiraciones de los independientes, ya que lejos de ayudar a agilizar el procedimiento de obtención de apoyo ciudadano, resultó ser el filtro ideal para eliminar a candidatos incomodos o a los verdaderamente independientes.

Ejemplo de las incongruencias de las autoridades electorales sobran pero citaré solo las del caso del Dr. Luis Ponce de León Armenta y el conocidísimo caso del Bronco, como candidatos independientes, el primero de ellos interpuso Juicio para la Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano radicado con número de expediente: SUP-JDC-0208-2018, donde expone la improcedencia para determinar la no aplicación de los artículo 361, 362, 367, 369 al 372, 376 al 378 y del 383 al 386 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, por considerarlos inconstitucionales, mismo que por su aplicación heteroaplicativa, fueron impugnados en tiempo y forma en su primero y segundo acto de aplicación al invadir la esfera jurídica del quejoso, violando su derecho a ser votado.

La resolución de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación fue, sobreseer el juicio respecto del oficio INE/DEPPP/DE/DEPPF/0749/2018, emitido por el Director Ejecutivo de Prerrogativas y Partidos Políticos del Instituto Nacional Electoral, por carecer de definitividad y firmeza; así como declarar inexistente la omisión reclamada.

Por otra parte, respecto al medio de impugnación presentado por el Bronco, ahí sí, el fallo del Tribunal Electoral cuestiona el grado de error en que incurrió la autoridad administrativa del INE en la revisión de las firmas de apoyo. Considerando que en una revisión adicional podrían adicionarse las más de 16 mil firmas que faltaban para cumplir con la ley, requisito del que fue liberado el Bronco y fue así que ordena al INE registrarlo como candidato independiente a la Presidencia de la Republica.

Decisión que el INE acató no sin antes señalar nuevamente su inconformidad y las irregularidades en las que incurrió Rodríguez Calderón, y fue el consejero Ciro Murayama quien pidió ir a los datos duros para luego enumerar las irregularidades: apoyos duplicados, gente que no estaba en el padrón, personas que ya habían muerto y otros apoyos que fueron descartados. Enfatizó que el INE tenía la obligación de acatar la sentencia pero también no renunciaban al cabal ejercicio de su autonomía e imparcialidad”.

Asimismo, Lorenzo Córdova, titular del INE, advertía a su vez que Rodríguez Calderón todavía podría perder su lugar en la boleta electoral ya que la Fiscalía Especializada para la Atención Delitos Electorales (FEPADE) investiga las presuntas irregularidades financieras en la recolección de firmas de apoyo, información que ratificó Héctor Díaz Santana, titular de la FEPADE, quien dijo que espera que el INE entregue documentación complementaria para iniciar las investigaciones, y si se comprueban los delitos al gobernador con licencia, puede perder su registro, lo que seguramente ya no sucederá, por el tiempo que pueden tardar las investigaciones.

Como puede usted observar una autentica novela electorera que deja muy mal parado al Tribunal Electoral arrastrando al resto de las instituciones tanto electorales como no electorales, las que supuestamente deberán revestir el proceso electoral de certeza y legalidad, si de por sí, la confianza en el sistema judicial y los tribunales del país estaban en un 32 por ciento en 2016, de acuerdo con el reporte de la CEPAL y el Banco Interamericano de Desarrollo en colaboración con la Comisión Europea titulado “Perspectivas económicas 2018: Repensando las instituciones para el desarrollo”. Con todo esto las instituciones electorales mexicanas han visto mermada su credibilidad y confianza hasta llegar a un 4.71 por ciento según datos de Consultorías como Innovative Marketing & Consultants.

 

Todo lo anterior ha ocasionado un ambiente pésimo para desarrollar el proceso electoral, porque hay muchas instancias que de verse debilitadas pueden poner en riesgo la elección más importante de las últimas décadas.

 

 

 

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