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“Jesús” Otro poblano que es asaltado en está Puebla…

 

Escribe: Adán Morales/adangio

 

El miedo ha dejado de ser una sensación ajena en Puebla Capital.

No hay poblano que no haya sido víctima del crimen o al menos tenga un familiar que lo haya sufrido.

La historia siguiente solo es una más de las muchas que han sucedido en la Puebla de hoy. Una historia tan cruda como las que han sucedido desde que RMV llegó a gobernar Puebla.

Una pesadilla más en la ciudad que ha visto de todo: levantones, secuestros, asaltos, robos, balaceras  y hasta ejecuciones a la luz del día.

 

El 21 de diciembre Jesús Pérez había salido a trabajar como lo realiza  desde hace 35 años en la empresa de mudanzas donde ha dejado su vida.

Salió de su casa muy temprano, llegó a la empresa, saludó a sus compañeros, abordó una camioneta Ford y se dirigió a entregar una carga, fue de regreso a la ciudad de Puebla que fue interceptado por una camioneta de la cual descendieron 4 hombres armados, quienes lo encañonaron y le dijeron:

-Ya valiste madre cabrón, ni la hagas de pedo si no quieres que te meta un plomazo en la cabeza

Jesús tragó saliva y alzó las manos.

Los asaltantes lo colocaron en la parte media de la cabina.

Le amarraron las manos.

A pesar de ir encapuchados los asaltantes tenían la “pinta” castrense 

Uno de ellos activó un inhibidor para la señal GPS que traía la unidad, sin éxito alguno.

Otro lo encañonó en la sien y tras darle un golpe en el abdomen le dijo: “¿Dónde está el GPS si no me dices te va a cargar la chingada?

Ante esto Jesús señaló la ubicación del rastreador satelital.

Minutos después lo bajaron de la mudanza y lo subieron a una camioneta color verde olivo, está vez le vendaron los ojos.

Después de darle vueltas por varias horas, atado y vendado de ojos, los criminales decidieron aventarlo  por el rumbo de Nenetzintla, una localidad perteneciente al triangulo rojo.

Cuando lo bajaron en un sembradío, Jesús pensó que era el fin.

De nuevo tragó saliva, apretó sus ojos y boca esperando lo peor, uno de ellos se acercó a él y le quitó sus pertenencias: licencia, identificaciones y celular.

Y con un tono intimidatorio le susurró al oído. “No te pases de verga cabrón, ni por error te atrevas a denunciar, sabemos en dónde vives, órale a chingar a su madre…”

Tan pronto escuchó que la camioneta se puso en marcha, el aire y la vida le regresaron al cuerpo.

Desorientado y asustado, Jesús caminó aproximadamente un kilómetro,  pidió auxilio a la gente, los primeros lo rechazaron y le dieron la espalda.

Metros más adelante fue auxiliado por personas de la región a quien se les ha hecho normal que les roben sus unidades y que de vez en cuando avienten a otros “Jesús” que también han sido hurtados.

Jesús hablo con sus patrones quienes de inmediato lo fueron a recoger.

Una llamada de la empresa a su familia lo tranquilizó.

Y es que estos últimos meses la familia de Jesús ha sido víctima de la delincuencia.

A su hija le saquearon su domicilio cuando salió a visitarlos y a su yerno le robaron una camioneta de la empresa en donde trabaja.

Los tres son víctimas de la violencia que se ha desatado en la entidad, en un estado incapaz de detener esta ola criminal que roba o mata a poblanos.

Es tiempo, lo fue hace mucho, de detener esta oleada de asesinatos que ni Banck, ni Gali, ni autoridad alguna ha sido capaz de contener y castigar, impunidad y complicidad se podría llamar.

¿Cuántos “Jesús” más hay y habrá…?

Me temo que no sé, pero seguro existen y existirán por esa misma impunidad que habita en Puebla

 

 

 

 

 

 

 

 

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Por: @AndarPueTlax

Que en Puebla, el “cáncer terminal” de la Fiscalía General del Estado está contaminando a otras instancias y pos está  muy cachetón en tema, ufff… se escucha que YA es inconcebible que los señores legisladores se resistan a revisar la podredumbre en la que se ha convertido la instancia de procuración de justicia en Puebla… se escucha que los múltiples señalamientos de corrupción en la policía de investigación que de plano ya no investiga y que las labores de inteligencia ahora las tenga que hacer las policías  preventivas, no es suficiente motivo para destituir a Carranca y a sus acompañantes, ¡pos que carajos quieren los diputados!… se escucha que si el impresionante rezago en la integración de carpetas de investigación con sus consecuentes actos de impunidad, no es suficiente motivo para destituir a Carrancá y a sus acompañantes, ¡pos que carajos quieren los diputados!… se escucha que si la corrupción con las grúas, los vales de gasolina, los materiales de oficina, etc., y que el karateca Roberto García Velarde, no responda a los señalamientos de la falta de material y a la oscura necedad de que toda adquisición sea de manera directa y discreta, no es motivo suficiente para destituir a Carrancá y a sus acompañantes, ¡pos que carajos quieren los diputados!… se escucha que si está plenamente demostrado la falta de capacitación a los ministerios públicos responsabilidad de la nuera de Carrancá, Pamela Carrión de la Torre, quien trabaja dos días a la semana y que hasta sus papacitos se trajo a vivir a Puebla con servicio de guaruras-chaperones-gatos incluido, no es motivo suficiente para destituir a Carrancá y a sus acompañantes, ¡pos que carajos quieren los diputados!… se escucha que si las policías preventivas y los jueces coinciden en que la Fiscalía está podrida y que NO está haciendo su trabajo, no es motivo suficiente para destituir a Carrancá y a sus acompañantes, ¡pos que carajos quieren los diputados!… se escucha que si un juez tuvo que liberar al famoso huachicolero el “cachetes” porque la Fiscalía pretendía de última hora encuadrar los delitos imputados que en tiempo y forma no acreditó a pesar de las muchas carpetas de información que le fueron proporcionadas por todas las instancias involucradas en la detención de Othón Muñoz Bravo, alias “El Cachetes” -entre ellas la Marina Armada de México- no es motivo suficiente para destituir a Carrancá y a sus acompañantes, ¡pos que carajos quieren los diputados!… se escucha que si Carrancá YA es un simple holograma porque ha sido desconocido, ninguneado y vitupereado una y otra vez por su primer espada o sea Gustavo Luis Huerta Yedra en diversas reuniones -en donde NO es invitado- porque dice ser amigo del junior Gali, no es motivo suficiente para destituir a Carrancá y a sus acompañantes, ¡pos que carajos quieren los diputados!… se escucha que si el asunto es sostener a Carrancá y a sus acompañantes porque ¡sabe demasiado!, pos que sigan con su locura, porque los únicos que están pagando los platos rotos son los poblanos y el gobernador José Antonio Gali se ha vuelto el payaso de las cachetadas en el tema de la prevención del delito y la procuración de justicia y eso no se quedará así nomás, uffff… seguiremos escuchando porque al gobernador José Antonio Gali, YA le están llenando el buche de piedritas y por supuesto no sudará calenturas ajenas, ¡madres!… seguiremos escuchando porque en el Tribunal Superior de Justicia de pen…tontos no bajan a los fiscales debido a la falta de preparación de parte de Carrancá y su séquito de inútiles acompañantes… seguiremos escuchando porque es denigrante que tu propia gente se encargue de ningunearte, se encargue de contradecirte, se encargue de hacerte ver sentir que ya nomás eres un simple adorno, !poca madre!

Agradecemos el espacio que nos brindan los amigos de Moviendo Ideas, proyecto al que nos sumamos y que desde esta trinchera estaremos escuchando muchas otras cosas más... en hora buena y ¡éxito!

 

No olviden que también nos pueden leer lunes, miércoles y viernes en www.periodicoya.com

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Escribe: Pedro Ángel Palou

Atención y ocio.

En 1899 el psicólogo norteamericano –hermano del novelista de Las alas de la paloma- William James, escribió un pequeño ensayo, “Evangelio de la Relajación”, porque estaba ya preocupado –hace más de un siglo- con lo que estaba ocurriendo con sus compatriotas que se habían acostumbrado, en sus palabras, a trabajar de más, viviendo con taquicardia emocional, sin aliento y tensos. Se debía, a su juicio, entre otras cosas a los malos hábitos internalizados, ya sea tomados de la atmósfera social o de la tradición que idealizaban esa forma admirable de vida. Hoy en día aún consideramos que algo que ha representado mucho trabajo es de mejor calidad que lo que, aparentemente, se hizo de forma fácil, en menos horas. Vivimos más que nunca en una especie de frenesí perpetuo, corriendo de un lado para otro y de un aparato electrónico a otro, no sabemos estar solos ni apreciamos el valor de la tranquilidad, el descanso y la posibilidad de recargar baterías (hasta esa metáfora nos viene de esa tradición de malos hábitos de la que hablaba James).  Trabajó duro, decimos, y eso otorga prestigio y orgullo en lugar de pena y vergüenza, algo de lo que se burla Nassim Nicholas Taleb en su brillante libro Anti-fragilidad.

            Dos años antes, en 1897 el brillante científico español, Santiago Ramón y Cajal escribió un libro hermoso que debiera reeditarse, regalarse, distribuirse masivamente como si se hubiese escrito ayer, Consejos para un joven investigador (en el tono del famoso libro de Rilke, las Cartas a un joven poeta). Alertaba allí a los aspirantes a convertirse en científicos de dos impedimentos mayores que se entrometerían en su camino mientras buscaban realizar nuevos descubrimientos científicos. La ciencia, decía Ramón y Cajal, se ha vuelto una fuente de poder industrial y político y el trabajo científico se ha vuelto absolutamente competitivo. Los científicos, decía: “no se pueden concentrar más, por largos periodos de tiempo en un solo tema”, o pensar con profundidad “en el silencio de su estudio, confiados de que sus rivales no interrumpirán sus tranquilas meditaciones”. La razón: la prisa en ganar la competencia, la investigación frenética es superficial y desvía al joven científico del trabajo profundo, más lento, más importante. Pero en segunda instancia, a juicio del español, la mayoría de los científicos creen que más horas son equivalentes de mejor resultado y que una avalancha de artículos, conferencias y libros llevarán a una iluminación profunda. Esa forma de trabajar a su parecer lo único que produce es trabajos mediocres, preguntas fácilmente resueltas, en lugar de trabajar en las verdaderamente profundas. Crea la apariencia de profundidad y el sentimiento (y la dopamina) de sentirse productivo. Escoger ser prolífico, pensaba, significa cerrar la puerta a la posibilidad de un gran trabajo, de verdaderos descubrimientos.  No se malentienda, esto viene de alguien que escribió más de trescientos artículos científicos en cincuenta años de investigación, cuyos descubrimientos y dibujos se siguen usando y que lo mismo escribió de neurociencia que de salud pública o incluso de ciencia ficción que adoraba. Lo que Ramón y Cajal diagnosticaba y alertaba en contra es nuestro pan de cada día.  Hemos escogido la superficie, lo mediocre y usamos las redes sociales para mostrar nuestros “logros” acumulando una y otra conferencia, uno y otro libro, uno y cien más artículos. ¿Se harán de esta manera grandes contribuciones a la ciencia, al arte, a la investigación humanística? Lo dudo.

            ¿Y si seguimos mejor el consejo de William James en su Evangelio? Un estado emocional estable y no frenético, de concentración y calma, con largas caminatas es más productivo y lleva a la verdadera pasión que solo se cumple si se trabaja en ella un poco, pero constantemente. La fórmula, parece, es cuatro horas al día. Algunos científicos, escritores o inventores –Darwin, Dickens, Edison- en dos periodos de dos horas cada uno. No más. Y luego caminar, leer, conversar, una buena sobremesa. Todo lo que nutra a ese ser humano que vive de la creatividad, de su imaginación y de la posibilidad de crear algo nuevo. Nos preciamos de que esta nueva época, la de la economía del conocimiento requiere personas creativas al máximo, pero luego asumimos que se puede hacer ciencia o arte o diseño o creatividad de cualquier tipo, innovación, en una especie de cadena de montaje taylorista, sumando puntos para el SNI, o demostrándole a otros que somos buenos porque trabajamos duro. Debería darnos pena, vergüenza, tener que trabajar duro en lugar de trabajar profundamente en lo que verdaderamente importa.

 

Emoticones y pobreza tecnológica.

 

Usamos unas trescientas palabras (cinco mil los que tienen un gran vocabulario) de las 283 mil del idioma castellano. El diccionario de la Real Academia tiene 88 mil vocablos y se suele agregar un treinta por ciento más a ese léxico disponible por motivos de diferencias dialectales, con lo que al menos hay cien mil palabras a nuestro alcance. Un adolescente promedio textea 3,200 veces al día. ¿Qué palabras usa? Ya lo dije, con tristeza, trescientas palabras a lo más. Ah, perdón, es que sustituye las palabras con emoticones. Es una de los peores inventos de la era del internet. Los iconos sustituyen nuestra capacidad de expresión. El icono que en inglés llaman “pulgares arriba” (thumbs up!), que indica “me gusta” (otra rebaja de la calidad de la lengua que le debemos a Facebook), tiene ahora colores de piel, para que lo hagamos “más personal”. Nada parecido a la verdad. En realidad sustituye cientos de expresiones distintas que ahora no tenemos que producir. “Shit”, para “carajo” o “mierda”, es sustituido por un emoticon de excremento con una expresión de curiosa felicidad. Pero en realidad en medio de todas esas posibles cosas que podemos decir con el dibujito, hay una serie de matices que se van perdiendo.

Esta entrada de hoy en 24 horas tiene que ver con los matices. Porque de ellos, de eso, es que está hecha la vida. No del blanco y negro, no del tú o yo, no del izquierda o derecha. Pero las redes sociales al empobrecer brutalmente el lenguaje lo que han producido es un mundo polarizado hasta la médula donde lo que ha desparecido es la sutileza. Esa que solo puede alcanzarse con las palabras. Y en la conversación con el tono, con el gesto, con el lenguaje corporal. El emoticón es la ausencia de emoción. Representa la anulación de la diferencia, esa parte de nuestra individualidad que, curiosamente, es la que nos hace humanos. Propongo, primero que los eliminemos de nuestras conversaciones escritas. Adiós. Para siempre. No los usemos. Utilicemos palabras, metáforas, metonimias. Buceemos de nuevo en la riqueza combinatoria del idioma, la que asombró a Saussure y que nos permite pensar que toda lengua (langue) implica un paradigma (un casi infinito posible) con una cadena hablada, con una concreción factible de lo imposible, si se quiere.

            :-)

Este es el primer “emoticón” de la historia, (data de 1982 y ahora parece una pintura de Altamira) y vino de los signos de puntuación, de dos puntos, un guion y el cierre de un paréntesis. Era una “smiley face”, una sonrisa a la Sabritas. Nadie pensó en el daño que ese uso alternativo de los signos de puntuación tendría en el empobrecimiento del lenguaje. Y sobre todo en el empobrecimiento de la expresión individual, aparentemente el único objetivo de tener un lenguaje. Lo que podríamos denominar jeroglífico digital ha sustituido nuestras emociones.

            LOL (Laugh out Loud), se convirtió en “Face Tears of Joy”, una carita que llora de felicidad por la hilaridad. En 2015, poco después de veinte años del primer emoticón inventado por Scott Fahlman para intentar producir cierto “tono o ironía” en el lenguaje digital, en la palabra del año del Oxford Dictionary. Por supuesto Samuel Johnson se estaría riendo de nosotros.

            ¿Jeroglífico o Digiflífico?  ¿Nos entendemos en realidad con la estandarización del sentimiento? No lo creo. Nos perdimos para siempre en lo colectivo, desapareció lo individual, la expresión. Un poeta mexicano ganó una beca del FONCA para escribir un poemario en emojis. No pienso entrar en la polémica sobre lo absurdo del caso. Lo que creo es que todos seguimos el juego, aunque lo critiquemos, de este nuevo mundo digital.

            Cada vez, sin embargo, aborrezco más todo lo que nos quita, todo lo que nos cercena de la realidad, del lenguaje, de la infinita sutileza de estar vivos. El lenguaje simple del emoticón, del like o dislike, del comentario rudo en las redes es lo que nos trajo a Donald Trump como presidente, me queda claro. Este es un mundo sin matices, de negros y blancos en donde el lenguaje, esa materia dúctil, infinita, ha sido reducida a su mínima expresión.

            La velocidad ha sustituido a la personalidad. El vértigo al pensamiento y la tranquilidad soledad de quien sabe realmente estar solo –sin iPhone a la mano- es ya casi impensable. Nadie sabe estarse quieto, sosiego diría la tía mexicana. El otro día, en el metro ninguna persona (literalmente ninguna) estaba sola. Todos se “acompañaban” con sus tabletas, teléfonos pseudo-inteligentes, en un chat infinito y absurdo que nada comunica pero que da la ilusión de estar comunicado, conectado. En el barroco era el miedo al vacío, ahora es el miedo a estar solos.

            En el camino lo único que hemos creado una generación desesperadamente ansiosa. Infinitamente conectada, con un múltiple espejo que le devuelve la nada: el FOMO (Fear of Missing Out) es nuestro nuevo nihilismo, nuestra enfermedad absoluta.

            Mientras no lo aceptemos y hagamos algo al respecto estaremos atrapados, condenados a la ansiedad, el miedo y la peor de las soledades: la ilusión de estar conversando con alguien cuando en realidad nadie nos escucha ya.

 

¿Twittliteratura?

Las limitaciones de la forma, como twitter que obliga a sus usuarios a la brevería o la greguería de 140 caracteres, han empezado a producir lo que algunos de sus usuarios llaman ya twitt-literatura. ¿Podemos evaluar críticamente lo producido en la blogósfera? Las entradas de los diareros electrónicos, los bloggers, van del diario íntimo a la citación perpetua de otras páginas, en una autoreferencialidad que muchas veces termina siendo cifrada, como si se escribiera para los compañeros de un taller literario virtual lleno de guiños privados. Es claro, sin embargo, que algunas redes sociales, particularmente Facebook, tienen otro propósito y que la actualización del estado no da para la producción literaria, aunque su interfase con twitter puede producir gratas sorpresas.

Así de los doscientos millones de usuarios de twitter el 89% son adultos mayores de 35 años, y un pequeño porcentaje de estos son escritores y utilizan el medio no para publicitarse, o para relacionarse con amigos sino para compartir productos textuales, microrelatos, poemas, palíndromos, haikus y algunos de ellos para producir textos colaborativos, especies de cadáveres exquisitos cuyos resultados experimentales son inciertos al inicio de la aventura textual o hipertextual. Ben Okri, por ejemplo, produjo su I sing a new freedom, enteramente en twitter bajo la idea de que la forma debe seguir a la adversidad y de que estos, los nuestros, son tiempos inciertos. Okri y otros parten de un diagnóstico: la nuestra es una época frenética cuyo signo espiritual no es el angst vital sino la ansiedad del Prozac. La brevedad es la respuesta a tal estado de cosas, el fragmento, la ruina lingüística que quería Benjamin.

Sin embargo, quienes mejor han teorizado sobre la narrativa de los nuevos medios son los estudiosos de los juegos de video. Pienso en Noah Wardip-Fruin y en Pat Harrigan quienes iniciaron en First Person: New Media as Story, Performance, and Game un ejercicio de conceptualización de las nuevas realidades narrativas que emergieron y se han ido desarrollando con el quiebre del mundo analógico y nuestra a este mundo tecnologizado, digital, en el que un poco todos somos cyborgs.

Un caso interesante es el de Juan Andrés Muñoz, un editor de noticias de CNI en Atlanta que invitó a producir una historia con un twitt inicial: “Se despertó sobresaltado, sudoroso entre un hojaldre de sábanas. Extendió la mano y a tientas se encontró el frasco con su pastilla.” En cuestión de minutos se fue escribiendo una novela colectiva de 214 tweets.

¿Existe un nuevo estado de la cultura, el digital, o nos estamos encontrando con un nuevo medio para los antiguos productos, como si sólo cambiase el formato? Como ya apuntaba Roger Chartier, los autores no escriben libros, escriben textos que se convierten en productos/formato, de libro. Esta pregunta no es ociosa. Una cuenta de twitt, por ejemplo, que hasta ahora no ha censurado María Kodama, convierte en aforismo toda la obra de Borges, produciendo lecturas muy distintas y aunque cada tiempo su autor insiste en que hay que leer al “Borges de papel”, la mayoría de sus lectores se quedan en el twitt mismo e incluso opinan: “Excelente cuenta la de @Borgesjorgeluis, llena de filosofía y lucidez”. Se trata de un nuevo tipo de recepción similar a la generación que escuchó Boleros por primera vez de la voz de Luis Miguel y sigue pensando que son suyos o escritos para él y los llama: “los boleros de Luis Miguel”.

El blog, abreviatura para weblog, se cuece aparte y tiene ya su propio pedigree literario ya que desde finales de los noventa fue objeto de experimentación colectiva e hipertextual, cuando Robert Coover produjo su Hypertext Hotel, en el cual los lectores también escribieron la novela cuyo inicio él depositó en la red. Y es que el término hipertexto, propuesto por Nelson implica una escritura no secuencial, aunque ahora se usa más limitadamente.

En el caso de la literatura mexicana ha sido Cristina Rivera Garza quien más ha incursionado en experimentos de literatura conceptual usando las redes sociales y el blog. De hecho su proyecto más ambicioso de este tipo se llamó Blogsívela, y en él quiso utilizar ciertas libertades de construcción y forma que le daba el uso de la bitácora electrónica. Su blog, quizá el más frecuentado de entre los iberoamericanos, No hay tal lugar, establece ese utopos textual como su territorio de escritura conceptual. No sustituye –no lo ha hecho hasta ahora en el caso de ningún autor consagrado- la publicación de libros, o al libro impreso como el producto textual central de su literatura, pero hay que reconocer que Rivera Garza establece su bitácora como un vórtice textual y gestual importante. Cuando escribía colectivamente su Blogsívela estaba a la vez en ciernes su performance Mujeres con bigotes, experimento visual transgenérico y ambos proyectos se nutrieron mutuamente, como lo han hecho algunos trabajos conceptuales de Mario Bellatín, especialmente cuando en el Instituto de México en París un grupo de escritores interpretó a otro escritor, sin parecerse en lo más mínimo o disfrazarse como él/ella. Cristina dice que le “intrigaba en ese momento, así lo quiero creer, la democracia irreverente de la blogósfera -el hecho de escribir a la par y junto con hombres y mujeres para quienes la escritura no era una profesión ni un oficio sino un gusto, un ejercicio, acaso un reto, algo encontrado al azar en el ciberespacio. Me tentaba el anticapitalismo mordaz de la blogescritura”.

Hay una estética en Rivera Garza, lo mismo en sus libros impresos como en su uso de la escritura electronica que ella misma ha bautizado de la muerte del yo en una entrada de su blog:

LOS LUTOS DEL YOTodo escrito personal -el diario, la bitácora, la autobiografía- no es más que un prolongado luto por esa versión del yo que, una vez escrita, yace sin vida dentro del alfabeto.

La confesión que se quiere íntima y viva (viva en su propia intimidad) deja de serlo en el momento que toca el lenguaje, el más social de nuestros lugares de encuentro: de ahí el duelo. El yo escrito es un réquiem.Mi blogspot es, en realidad, mi funeral.

--crg# posted by crg @ 7:47 AM

 

Y ese funeral del autor es el que ella pondera en sus ejercicios conceptuales. Como ella misma dice en otro momento de ese seminal blog: Más que “objeto” de lectura o de interpretación, estos productos artísticos contemporáneos pasaron a ser, así, objeto de deseo o de apropiación. Insisto: es muy pronto para saber si el formato produce en realidad una nueva forma. Pero no deja de ser interesante discutirlo.

 

Tecnología y juego

Nunca he sido un luddita, alguien que aborrece la tecnología. Al contrario, he abrazado muchas veces en la misma carrera ciega que mis contemporáneos el último aparato, y soy un asiduo contribuyente de la plataforma Kickstarter donde ayudo, con muchos otros locos a fondear proyectos innovadores (una tableta para dibujar digitalmente, un aparato para conservar recta la postura, una máquina de escribir mecánica que se conecta a una tableta, un papel con estática que permite pegar y quitar cientos de papeles que me sirve para planear mis novelas, y un sin fin de etcéteras que aburrirían al lector más fiel).

            Sin embargo, me asombra la soledad a la que estas nuevas tecnologías nos está condenando. Me perturba que parezcamos no percatarnos de las consecuencias de estar todo el día conectados a un mundo paralelo que nos cercena de la más valiosa de nuestras experiencias, las directas, las de la vida. Leo ahora que el MIT tiene un laboratorio, el Senseable City Lab que permitirá que las ciudades en el futuro monitoreen en tiempo real el excremento humano, permitiendo atacar, por ejemplo, brotes epidémicos. Estas ciudades con sensores permitirán seguir el paso y el movimiento de las muchedumbres, de los taxis, de los pasajeros, e incluso de los basureros y de lo que la gente compra en el supermercado. Esa sociedad hyperconectada que suena a una utopía macabra de Philip K. Dick está a la vuelta de la esquina y me dicen que Andorra ha firmado con el MIT un contrato para que en sus calles (no tiene muchas es verdad, y solo ciento cincuenta mil habitantes) se haga un piloto del experimento.

            No dejo de apreciar ciertas variables positivas de tener todo conectado, pero la pregunta ideológica es esencial aquí: ¿quién y para qué nos vigila? Este Panóptico digital rivaliza con cualquiera de las reflexiones de Foucault en Vigilar y castigar. Las compañías que me suministran mi café favorito, por ejemplo, sabrán que me quedan los granos apenas para dos días y me enviarán por drone mi nueva provisión. Mis hábitos y los de mis vecinos serán seguidos hasta la minucia mínima. Ya hay gente que tiene cientos de aparatos conectados por bluetooth en su casa: bocinas, luces, e incluso el refrigerador. Todos participamos ya en varias plataformas de suscripción que nos envían cada cierto tiempo a casa cosas (en la época en que internet 2 pasó a llamarse el internet de las cosas) que supuestamente necesitamos, pero para las que ya no tenemos tiempo. Comprar los suministros alimenticios, por ejemplo, e incluso la ropa. Un “experto” (eufemismo para algoritmo) nos evitará la fatiga de ir a la tienda y escoger, y de acuerdo a nuestro perfil ya ha curado para nosotros el guardarropa de la próxima temporada.

            ¿Y si lo que verdaderamente queríamos era la experiencia de ir a la tienda, de ir al parque, de ir a escoger por nosotros mismos? Tocar, sentir, palpar, gustar, oler, antes de decidir. No, el paquete de comida ya viene precortado incluso, con las recetas que hay que seguir al pie de la letra para tener la comida perfecta. ¿Y el vino? Otra compañía se ha encargado de mandarnos su selección del mes perfecta para nuestros maridajes. Ciudad plataforma, casa sincronizada, seres robotizados. Orwell seguramente estará riendo de nuestra poca conciencia Post-1984.

            En sus Crónicas de Londres –a donde nunca fue- Edgar Allan Poe escribió su asombro por las multitudes que le venía de su adorado Baudelaire y del flanneur. Lo que lo maravillaba era el anonimato de la muchedumbre, el no ser nadie, pasar desapercibido mientras se entra en contacto con miles de seres humanos. Cientos de miles, a decir verdad, en la ciudad contemporánea. Ese contacto forzado ya no existe. Puedo comprar mi café con un app y no hacer cola, con ver a nadie. Está esperándome con mi nombre, lo tomo y me voy o me siento. Si me quedo allí me conecto de inmediato al internet, me pongo mis audífonos y empiezo a textear o a surfear la red en un infinito no poder estarse quieto.

            Y aquí llego al centro de mi relato. O de mi diatriba. Estudios demuestran que hemos perdido la capacidad de estar solos. En productiva soledad, como la que deseaba Fray Luis. De hecho son reveladores: empezamos a perder la cordura (lo digo en serio, está comprobado) a los seis minutos de soledad total, sin celulares, sin podernos conectar a nada ni hablar con nadie) y a los quince minutos, de verdad, a los quince minutos, empiezan las ansiedades de quien ha ya perdido la cabeza. ¡Quince minutos nos separan de la supuesta cordura de la conexión maniática a la locura de no podernos estar con nosotros mismos!

Y si perdemos esa posibilidad, creo, lo hemos ya perdido todo.

 

 

 

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En Puebla la muerte viaja en Uber y en Cabify ¿Quién los protege?

 

Escribe: Adán Morales.

 

Su vida no había sido fácil. Desde niño supo lo cabrón que es subsistir, trabajó en el mercado, en el taller de un tío y un día termino por enrolarse a la policía estatal creyendo encontrar la estabilidad económica que siempre añoró.

 

Pero en la Puebla del huachicol resulta casi  imposible no estar impregnado con ese aroma a gasolina y billetes, la ambición pudo más y desde su modesto puesto logró poner una tiendita para vender combustible robado en los límites de Amozoc y Puebla, ahora estaba con el crimen hasta el cuello, no se podía zafar

 

Gastó a manos llenas, viajó, mandó a sus hijos a escuelas de paga y se dio el lujo de tener 2 mujeres más.

 

Las deudas con los dueños del hidrocarburo robado se fueron rezagando, las amenazas aumentaron y hasta una buena madriza recibió como parte de los mensajes del crimen.

 

Por eso huyó con todo y familia a su pueblo. Allá no le fue tan mal pero volvió cuando supo que la bronca se había calmado y que ya no lo buscaban.

Pero la suerte ya no le sonreía ni encontró los destellos de la buena vibra que antes lo acompañaba. No me puede ir tan mal, pensó. Y después de toparse con pared, de tocar puertas que no se abrieron, se metió de taxista.

 

La vida se tornó nuevamente dura, le estaba yendo muy mal. Le tenía que dar doscientos cincuenta pesos al dueño del taxi por día trabajado y si lograba liquidar todo el sábado, las ganancias del domingo eran para él. Y apenas acabalaba para pagar la cuota y le quedaba muy poco para comer y aportar a la casa, para la escuela de los hijos y otros gastos. Eso lo estresaba. Apretaba los dientes como queriendo morderse las encías y le pegaba al volante y al tablero. No es posible que me esté yendo así. Perra vida.

 

Antiguos compañeros lo invitaron al robo de auto partes, el taxi era el vehículo ideal, pues no soy el dueño –pensaba- . Pero las ganancias eran pocas comparado a lo que ganaba en su época de Huachicolero.

 

Esto no es para mí, diosito – se dijo-

 

Dejo el taxi y con lo del robo de auto partes dio el enganche para comprar un UBER.

 

-Dicen que aquí  se gana el puro varo y sin tantos pinches requisitos –decía a su mujer-

 

Cambió su apariencia, se bañaba dos veces al día, compró un par de corbatas y media docena de camisas blancas.

 

UBER le empezó a dar ganancias significativas, de pedir fiado en  la tiendita de la esquina pasó a comprar semanalmente su despensa en wallmart.

 

Un miércoles por la mañana recibió la alerta para un servicio.

 

Su sorpresa fue mayúscula, pues el cliente era un viejo conocido, uno de sus mayores acreedores y de los que había huido.

 

El estupor fue mayor cuando este le dijo que le pagaría su deuda con servicios, qué su carro sería “un burrito” para el huachicol y que aparte le daría una lanita.

 

El chofer sonrió y es que nuevamente la revolución le estaba haciendo justicia.

 

 

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

 

 

Mi cuenta en tuiter: @adangio

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Escribe: Manolo Herrera Rojas

 

En los últimos tiempos la figura de independiente ha generado confusión ante la ciudadanía, el que algunos políticos o políticas se encuentran identificados con un cierto Partido y salgan repentinamente de él ¿qué significa? ¿Será que salen, pero su corazón sigue siendo de algún color?, ¿realmente existirá la figura real de independiente?, porque los independientes que tenemos en México todos fueron o trabajaron para el sistema, por favor seamos congruentes.

La gran pregunta es, ¿salen de un partido político por que el Partido estaba en crisis? o ¿en crisis estaban sus pretensiones políticas, como coloquialmente dicen por capricho?

Esto lo digo porque tristemente en el Partido Acción Nacional hemos vivido la salida de personajes importantes en su vida democrática y me remonto a las palabras de un gran pilar de Acción Nacional, Don Luis H Álvarez, que dijo “Si no nos derrotó la derrota que no nos derrote la victoria”.

Y curiosamente las personas que han salido de la filas  han tenido puestos de elección popular o cargos dentro de gobiernos emanados del PAN, ¡a que se deberá ese fenómeno!

¿A qué se debe esto?, será que está fallando el sistema democrático dentro de la institución o a que llega el vacío de poder, de que ya deben enfrentar el camino que sigue cualquier militante para poder aspirar a un puesto de elección popular, ¡ya no les gusta y se van¡

Lo decía Luis H Álvarez y no me cansaré de repetirlo: “O somos panistas o no somos, no existen los medio panistas que se van a otro proyectó distinto al PAN por seguir una aventura electorera”.

Por lo que es importante que los que se van puedan digerir que ya no son panistas  y que la figura de Independiente es un lugar más en la boleta por lo que  ¡afecta al Partido el cual les dio todo!

En la vida una de las grandes virtudes es ser agradecido y no solo de palabras sino de acciones, es hora de que la política mexicana empiece a ser congruente y no solo decir ¡soy del PAN pero vota por un independiente!

 

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