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Escribe: Daniel Tapia Quintana
 
 
“Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber” Albert Einstein
 
 
La educación es una de las piezas más importantes que impulsa el motor del progreso y desarrollo de una nación. Invertir en educación será una estrategia correcta, siempre y cuando, esa inversión se realice de manera focalizada y atendiendo a resolver la raíz del dilema.
 
Hoy en día, son numerosos los expertos que destacan la importancia de invertir en la educación para formar ciudadanos comprometidos con valores universales como la democracia, la tolerancia y el humanismo bajo el fortalecimiento de un pensamiento crítico, reflexivo e integral. Uno de ellos, Fernando Reimers, director de Educación Global y de Política Educativa Internacional en la Universidad de Harvard, visitó nuestro país en septiembre del año pasado para presentar su más reciente libro “Enseñanza y Aprendizaje en el Siglo XXI” en el que planteó una serie de preguntas clave: ¿Cómo debe ser el modelo educativo que promueva las competencias y habilidades pertinentes para el siglo XXI? ¿De qué manera la educación ayuda a desarrollar no solamente el conocimiento y las capacidades cognitivas, sino las disposiciones para ser ciudadanos democráticos y activos, es decir, asociarse para mejorar las comunidades de las que forman parte? Entre muchas ideas plasmadas durante su visita, resalta la necesidad de replantear la intención del acto educativo y que en nuestro empeño por mejorar la eficiencia del sistema educativo no descuidemos la importancia de saber qué hacer con el conocimiento que adquirimos.
 
El 13 de marzo pasado el presidente Enrique Peña Nieto presentó el Nuevo Modelo Educativo para la Educación Obligatoria como parte de la Reforma Educativa que su administración ha impulsado. El Nuevo Modelo Educativo busca transformar la educación en México: romper con prácticas arcaicas como la memorización y considerar nuevos caminos pedagógicos como el componente emocional. No obstante, el contexto en el que el Nuevo Modelo Educativo busca navegar se encuentra lleno de paradojas: a la vez que busca incentivar la curiosidad, la innovación y la creatividad; debe sortear sus limitantes al enfrentarse a los códigos, a las instituciones y a diversos actores que ven en el cambio una amenaza a su status quo. El nuevo modelo tiene la difícil tarea de garantizar que los estudiantes mexicanos reciban una educación de calidad y que a su vez los prepare para enfrentar los retos del siglo XXI. 
 
 
De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP), el nuevo modelo se fundamentará en cinco ejes:
 
1) Planteamiento curricular: Consiste en eliminar gradualmente la enseñanza fundamentada en la memorización para sustituirla por el razonamiento y el análisis bajo un enfoque pedagógico lúdico y dinámico. En este eje se integra el perfil de egreso y se incorporan directrices de aprendizaje y desarrollo emocional.
 
2) La escuela como centro del sistema educativo: Consiste en priorizar el rol de las aulas como comunidades de aprendizaje y como los actores más importantes del sistema educativo. Importante destacar el ideal de dotar con mayor autonomía a las escuelas y de eliminar las cargas administrativas para los directores y docentes con la finalidad de privilegiar las actividades pedagógicas.
 
3) Formación y desarrollo profesional docente: Consiste en privilegiar el mérito y el esfuerzo en la selección y consolidación de los cuerpos docentes como motores de la calidad educativa. 
 
4) Inclusión y equidad: Eliminar barreras para que todos los niños, independientemente de su condición social o étnica o su discapacidad, tengan acceso a una educación de calidad, a través de la construcción de escuelas inclusivas. Especial interés tendrán grupos que comúnmente fueron ignorados tales como las personas con alguna discapacidad o niños y jóvenes indígenas.
 
5) Gobernanza del sistema educativo: Consiste en incentivar la participación de los diferentes actores que tienen una incidencia directa en el mejoramiento de las condiciones de la educación en México (actores públicos, privados, académicos, sociales, civiles, entre otros).
 
A pesar de que la propuesta llega en el ocaso de la administración del presidente Peña Nieto, es importante valorarla y reconocer la inclusión de una visión de largo plazo, componente ignorado en la gran mayoría de las políticas públicas que se diseñan en México. Asimismo, es importante mencionar que el nuevo modelo deberá ser probado en los diferentes contextos en los que se sitúan las escuelas en nuestro territorio nacional con la finalidad de identificar áreas de oportunidad que contribuyan con la mejora del mismo en el corto y mediano plazo. Gradualmente, este modelo será implementado en el periodo 2018-2019 y será probado entre directores, alumnos, docentes, supervisores, padres de familia y autoridades con la finalidad de retroalimentar el proceso de implementación e identificar aspectos de mejora.
 
No obstante, el modelo presenta, desde mi punto de vista, tres desafíos importantes que me gustaría analizar de manera general.
 
El primer desafío comprende el rol de las tecnologías de la información en la educación. No basta con incluir un programa de uso de las tecnologías en las aulas para hacerlo funcional y mejore el 
 
aprendizaje de los alumnos. Son evidentes las desafortunadas experiencias de enciclomedia, habilidades digitales y con laptops para Niños de Primaria. Por ello, el éxito en este rubro no se visualiza diseñando un nuevo programa sino coordinando esfuerzos para que el uso y la utilidad del mismo sea asimilado por docentes y alumnos, principalmente. Es imperativo generar puentes entre lo académico, pedagógico y lo tecnológico.
 
Otro desafío que se enfrenta en este nuevo modelo es el relacionado con la enseñanza del idioma inglés. Para quienes hemos realizado visitas de campo en escuelas mexicanas, este elemento resulta posiblemente uno de los más complicados de visualizar, más no imposible de implementar y consolidar. Como bien se sabe, el aprendizaje de un idioma es un proceso que debe trabajarse, idealmente, desde los primeros años. No obstante, la gran mayoría de las escuelas públicas en México no cuentan con profesores que impartan esta materia y cuando las hay, lo ofrecen de manera intermitente. Sin duda el gran reto será encontrar el recurso financiero y el capital humano capacitado para atender a las escuelas y a los millones de estudiantes mexicanos.
 
Finalmente, el nuevo modelo subraya la necesidad de que las escuelas tengan las condiciones mínimas de infraestructura para fortalecer el impacto de este enfoque en los actores educativos. Sin duda, será un gran reto para el Estado mexicano tomando en cuenta las restricciones presupuestarias, por un lado, y, por otro, las múltiples necesidades en materia de infraestructura que tienen las escuelas mexicanas. Y con ello, no me refiero a construir nuevos salones o comedores, me refiero a cubrir necesidades mínimas como el mejoramiento de los sanitarios, mantenimiento a los edificios (problemas relacionados con la humedad, por citar un caso) o reemplazar ventanas y puertas de los salones. 
 
Se debe reconocer este esfuerzo por parte del Gobierno Mexicano por generar cambios que mejoren la calidad de la educación en nuestro país. Dependerá de muchos actores que este modelo no quede en letra muerta ni en buenas intenciones. El “Qué” y el “Cómo” de este modelo debe ser comunicado de manera puntual y sencilla con el propósito de evitar que se desvirtúe su propósito. De lo contrario, el Nuevo Modelo Educativo quedará en un plan que lejos de romper paradigmas, perpetuará el estancamiento educativo en el que se encuentra nuestro país.

 

*Las ideas expresadas por el autor no reflejan necesariamente las opiniones de Kybernus ni de otras organizaciones colaboradoras