Powered by Spearhead Software Labs Joomla Facebook Like Button

Visitante número: 1303167

Víctor y el alcalde...

0
0
0
s2smodern

 

 

 

Adán Morales/@adangio

 

Lugar: Puebla

Año: Da igual

Nota: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

 

 

La bodega estaba a reventar y los patios traseros también. No puede ser, pensó, y dijo un “chingada madre” en voz alta ante el que todos  se sacarón de onda. Tapen esos pinches fierros porque si no vamos a tener problemas. –dijo-

Tenía que deshacerse de las autopartes robadas, y es que el helicóptero de la SSP andaba rondando el almacén,  pues se estaba preparando la visita de un secretario de estado por el rumbo

Inmediatamente le avisó al gobernador. Todo está en orden Sr. gobernador.

Vete de avanzada, le ordenó el gobernador: que todo esté listo y no falte nada.

 

 -Dos horas antes-

 

Víctor apenas bajaba de la camioneta  cuando vio a lo lejos los autos desarmados formando una alfombra de acero  que deslumbraba con los rayos del sol.

¿Qué hago?, ¿qué hago?, se preguntó. Las edecanes que lo acompañaban nomás se le quedaban viendo, los de su equipo de trabajo también.

Ordenó a sus empleados que movieran la logística y que el secretario ni el gobernador, ni por error se asomaran por ahí, no disponían de mucho tiempo: hay que tapar el mugrerío, muevan aquello para acá y de aquel lado pongan unas mantas.

Sus asistentes que fungían como edecanes murmuraban: Tenemos que convencer a Víctor que  nos regalé uno de esos carros que tiene ahí desarmados, estaban maravilladas y extasiadas, lo mismo se veían partes de Jeep que de Audis y BMW.

En sus ojos se percibía el deseo de tener lo prohibido a sus pies, el delito en sus manos.

Arribaron el gobernador,  el secretario y el alcalde de la ciudad. Un séquito de trajeados, con radios de intercomunicación, carpetas y maletines, corrían tras ellos. El secretario se instaló, poderoso e indiferente: no vio ni de reojo las piernas de las edecanes, llevaba prisa.

El gobernador empezó a dar su discurso,  estaba serio, el presidente le había enviado un mensaje con el secretario.

El alcalde escuchaba atento las cifras del gobernador: Han disminuido 20% los robos de autos en la ciudad, hemos capturado a una banda que se dedica al robo de autos bla, bla, bla…

Víctor rezaba y suplicaba a San Charbelito: que no voltearan a ver las flores, que no digan nada, que no pregunten y sigan de largo. –imploraba despacito-

El evento terminó, el gobernador y el secretario se despidieron de fría manera, el alcalde prometió redoblar los esfuerzos para combatir el crimen y se marchó en su bicicleta.

Víctor suspiró aliviado y se fue con tres edecanes en su suburban

 Dos semanas después un operativo de policías municipales cateó las bodegas que Víctor había protegido.

Misteriosamente ya no había nada, ni un fierro retorcido, ni el polvo pues.

Víctor fue avisado del cateo de los municipales.

 

 Respiró profundo y sonrió nervioso. Ese pinche alcalde me quiere chingar -se dijo-

 

Please publish modules in offcanvas position.