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Votar por resentimiento. Una columna de @TavoCorvera

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Escribe: Octavio Corvera Álvarez

 

Por segunda ocasión, mucho revuelo causaron las encuestas publicadas por el periódico Reforma en donde sitúa a Andrés Manuel por arriba de Ricardo Anaya con un porcentaje muy superior. No sorprende que el candidato de MORENA vaya arriba en las encuestas, su índice de conocimiento tras 12 años de campaña es de casi el 90%, lo que sí sorprende es su índice de aprobación.

 

Tras dos debates entre los candidatos presidenciales demostró que, a pesar de los mismos 12 años de campaña, aún no tiene un plan de gobierno apegado a la realidad o, al menos, que plantee soluciones posiblemente aplicables.

Todos los candidatos parten de combatir la corrupción y mejorar la seguridad; de crear nuevos empleos y mejorar salarios; de brindar becas y apoyos a estudiantiles así como de inyectar más recursos a programas de asistencia social; es lógico si analizamos que todo proyecto político carecería de sustento si no se hablara de proveer bienestar común, sin embargo, ofrecer todo esto sin bases ni sustento sino con chistes (Ricky Riquin Canallín) o repitiendo frases (combatiendo a la corrupción) es lo que se supone nos debería detener a pensar y a razonar el por qué Andrés Manuel sigue arriba de la preferencia electoral.

 

La historia del país nos enseña que el resentimiento se contagia y lo hacemos viral hasta que nos cegamos. Bajo el lema: “todos roban”, “todos son iguales”, sin hacer distinción en su trayectoria laboral, académica, profesional y política, nos dejamos llevar por quien dice y repite “yo soy diferente”, aunque sus allegados tengan antecedentes penales, aunque hayan salido del mismo partido político al que tanto criticaron y creyeron dañino para el país, el resentimiento y la desesperanza nos hacen elegir por resignación. Sustituimos la participación ciudadana al mero hecho de salir a votar un domingo por quien ofrece cambiar de rumbo cada 3 ó 6 años porque pensamos que mágicamente dando giros extremos nuestras condiciones de vida van a mejorar, sin comprometernos a denunciar o dar seguimiento al trabajo de quien nos representa.

Es justificable que para un sector de la población, el más marginado, que sin acceso a la información, sino únicamente teniendo los servicios básicos: escuela y clínica médica, quiera votar por quien le ofrece salir de esas condiciones, afirmándoles que no mejoran porque “ellos, los de la mafia del poder se roban el dinero”, sin que les explique más allá de presupuestos, aprobaciones, ajustes económicos, licitaciones, leyes, procesos, etc; empero que un porcentaje de profesionistas deseen elegir desde la frase reiterada mafia del poder da a pensar que nuestra democracia se basa en estados de ánimo.

 

Es claro que los todos los partidos políticos se encuentran en una crisis de credibilidad, con el índice más alto de desconfianza, es por ello que ahora, en estas votaciones, la persona (o el candidato) se vuelve el objeto de estudio para poder elegir a quién nos gustaría nos represente, pero votar por quien alimenta y fomenta la división entre las clases sociales, por quien abona al resentimiento o por quien hace chistes, es votar cegado por el resentimiento que en nada nos va a beneficiar como país, un país urgido de reconciliación ciudadana.

 

Mi cuenta en tuiter: @TavoCorvera

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