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Escribe: Octavio Corvera Álvarez

 

El mensaje que el PRI ha mandado respecto a las elecciones de pasadas es claro, prefirió jugarse la presidencia de la república a permitir que la oposición investigara, por un lado, a un EdoMex. repleto de desvíos, fallas, corruptelas y malos manejos por parte de sus gobernantes y, por otro lado en Coahuila, que de igual manera se investigara a otro ex gobernador priista (Moreira, con quien la lista se incrementaría a 5 ex gobernadores investigados) que es señalado por autoridades extranjeras por los delitos de lavado de dinero y malversación de fondos; el golpe mediático quizá hubiera sido tal que hubiera podido traducirse como el tiro de gracia para el PRI en las elecciones próximas de 2018, sin embargo, utilizó toda su estructura y recursos financieros para retener ambas entidades y de paso, hacer creer que será nuevamente triunfador en la siguiente elección.

Lo ocurrido quizá sembró la idea de que el PRI, a través del presidente Peña, contará con la fuerza suficiente para imponer al candidato de su partido, así, como en los mejores años del priato, con instituciones electorales bastante débiles o inexistentes, compra de votos, acarreo de votantes y demás faltas e irregularidades a las que no se les dio, ni dará seguimiento alguno y mucho menos castigo pero, lo que realmente sucedió, fue que el PRI sacrificó la presidencia del país.

El partido ícono de la corrupción, olvidó los grandes avances que se han dado en materia de participación electoral y democracia, olvidó el resultado obtenido en el año 2000 y se comportó como si nada hubiera cambiado en los últimos años. Pareciera que los que votaron lo hicieron en los años ochentas o finales de los setentas sin ver que México es ya un país moderno, mayor comunicado y exigente. Hoy el PRI celebra los resultados electorales sin dimensionar que los votos obtenidos fueron menos, que tuvo que gastar más de lo calculado y que aún así, casi pierde con sus contrincantes políticos más cercanos.

 

Esta elección nos recordó la historia del PRI y lo que representa: La concentración y retención del poder para tener la facultad de imponer el orden desde el centro y en forma vertical, sin respetar que le dinamismo de la ciudadanía ya no lo permita o que las necesidades sean otras. La verdad es que no se puede deducir si el presidente Peña tenga este objetivo o lo haya tenido (regresarle al PRI su forma de gobernar) pero lo que sí es un hecho es que el país solo ha vivido seis años de  confusión y retroceso.

Está claro que lo que se avecina para la presidencia de la república no será sencillo, la clase gobernante, cada vez es más impopular tanto en México como en el extranjero donde el escaso crecimiento económico del país y la inseguridad son temas secundarios; es la evidente corrupción y la impunidad exhibida lo que van minando el camino del PRI a retener el poder.

Es innegable que muchos de los viejos priistas, por estrategia o “principios”, han brincado a buscar cobijo por MORENA o el PAN, lo que de igual modo suma a complicar más la elección de su candidato y de ganar el 2018, al menos, así llegarán a su próxima asamblea en el mes de agosto.

La percepción es clara, el PRI ha enfatizado su mala fama y ha provocado que su credibilidad sea toda vía menor. Esperemos que esto unifique a la oposición y así evitar otros seis años caóticos.

 

Mi cuenta en tuiter: @TavoCorvera  

 

 

 

 

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